Archive for the ‘Inteligencia molecular’ Category
Contra las adicciones, ¡Vacúnate!
El título de esta entrada podría ser un cartel futuro, presente en un ambulatorio cualquiera. Igualito a los que inundan nuestros centros de salud cuando comienza la campaña de la gripe. Un cartel por el que muchas personas están luchando, para que cuanto antes existan vacunas para luchar contra ciertas adicciones.
Y el astuto lector se preguntará ¿qué tendrá que ver la profilaxis con drogas?¿que puede hacer una aproximación vacunal para frenar una adicción? ¿sonicando se ha vuelto loco y ha empezado a mezclar la velocidad con el tocino?
Os pido un voto de confianza, que lo bueno, no ha hecho más que empezar…
Sabemos que cuando un agente extraño penetra en nuestro organismo, es suceptible de que el sistema inmune lo detecte y lo elimine. Pero la mayoría de las drogas son demasiado pequeñas para ser reconocidas y pasan desapercibidas. Además, llegan en muy poco tiempo a los receptores neuronales que eficientemente desbaratan. Pero como siempre, alguien se empeñó en diseñar estrategias que solventaran los problemas. Alguien quería una vacuna y puso todo lo que pudo sobre la mesa, para intentar lograrlo.
En Little Rock, en la University of Arkansas for Medical Sciences, Michael Owens está intentando cambiar la terapia frente adicciones, luchando por el desarrollo de una vacuna frente a la metaanfetamina. Una vacuna que haga que en un futuro se pueda “enseñar” al sistema inmune a luchar frente a las drogas, bloqueándolas, de forma que tras consumir una dosis de una determinada droga, no sintamos NADA.

Michael Owens recibiendo una condecoración.
Sería una vacuna frente al SUBIDÓN, una vacuna que haría que drogarse fuera un acto completamente inútil.
Aunque la estrategia sea noticia esta semana, la idea de usar el sistema inmune para combatir la adicción a ciertas drogas no es nueva. En 1974 en la University of Chicago se consiguió que macacos inmunizados con un compuesto similar a la morfina, disminuyeran el interés de auto-administrarse heroína (1) y el mismo Owens, en 1985, siguió una aproximaciónque le permitió generar anticuerpos que bloqueaban el PCP en cabras (2).
Aun así, se pueden contar con los dedos de las manos las vacunas contra adicciones que están en desarrollo y por supuesto, casi todos los ensayos aún permanecen en modelos animales (salvo un par de ellas, contra la nicotina y cocaína en humanos)
La nicotina es la diana de múltiples farmacéuticas. Novartis ya desarrolla su vacuna, aunque por ahora Nic Vax de Nabi Biopharmaceuticals sólo ha conseguido un 30% de efectividad ( referida a conseguir un número de anticuerpos que produjeran una disminución en el hábito de los enfermos).
Y es que si en las vacunas corrientes luchamos contra una variación enorme entre los sistemas inmunológicos de los distintos pacientes, en este tipo de vacunas tendríamos que añadir la variación psicológica entre pacientes.

Celtic Pharma también tiene dos candidatos, TA-NIC (frente a la nicotina) y TA-CD (frente a la cocaína). La segunda ya ha conseguido anticuerpos suficientes (durante 13 semanas) como para que un consumidor no note nada tras reincidir en su hábito.
Pero todavía no hemos entrado en detalle, ¿como conseguimos producir anticuerpos frente a moléculas pequeñas? La respuesta rápida: Uniéndolas a cosas grandes.
El grupo de Michael Owens empezó con una proteína enorme presente en la sangre de vaca, a la que unieron múltiples moléculas de metanfetamina, usando para pegarlas cadenas de 6 átomos de carbono. Así, generaron un antígeno monstruosamente grande que lo tiene difícil para pasar desapercibido al entrar en nuestro organismo.
Ahora sólo queda que un macrófago detecte la proteína, la fagocite y la presente a los linfocitos. De entre todos los pedazos a los que reducirá a la proteína antes de presentarla, algunos fragmentos serán poco más grandes que la metanfetamina, generándose anticuerpos frente a dicha molécula. Parte de dichos linfocitos se quedarán como linfocitos B de memoria y permanecerán alerta frente a la droga durante mucho tiempo en el organismo.
El gran trabajo desarrollado por Owens es el diseño fino de lo que acabo de contar, cómo optimizar todo el procedimiento para conseguir el mayor número de anticuerpos (lo que se llama título de anticuerpos) y la mayor memoria posible.
Otra estrategia que han probado es desarrollar anticuerpos monoclonales específicos frente a la metanfetamina, purificarlos e inocularlos a pacientes. Pero claro, necesitaríamos casi la misma dosis de anticuerpo que de droga (igual menos) y los pacientes podrían incrementar la dosis tras el bloqueo para sentir lo mismo (aunque Paul Pentel, investigador del proyecto NicVax de la University of Minnesota dice que en modelos animales estas “compensaciones de dosis” no se observan)
Aun así, una dosis de droga puede ser de gramos, y sintetizar tal cantidad de anticuerpos sería carísimo, para una única dosis.
Como véis no se me había ido la olla, y una vez más vemos estrategias inteligentes en el mundo de la biología molecular, con el objetivo de desarrollar soluciones para nuestros grandes males. Ahora quedan muchas cuestiones éticas en el aire y es que si se consigue el objetivo que hoy nos ocupa, muchas personas podrían optar por vacunar a sus hijos, o el estado podría tomar la opción de legislar la vacunación contra las drogas como una solución. El debate está abierto.
Edición de Genes, lo último contra el VIH
Se sabe desde hace tiempo que un bajo porcentaje de los individuos no es susceptible a la infección por el VIH. Esto es debido a una mutación en el receptor CCR5, una molécula fundamental para la entrada del virus en la célula.
Sabiendo esto, uno no puede evitar sentir envidia de dichos individuos, ya que están por encima de uno de los virus más dañinos que conocemos. Pero la realidad PODRÍA cambiar, o al menos ser bastante distinta.
Hasta ahora se podía ver la mutación una vez había ocurrido, incluso diagnosticarla, pero ¿generarla? IMPOSIBLE…
Pues bien, lo imposible empieza a intentarse, con unos resultados prometedores.
Atención al invento:
Las enzimas son proteínas que tienen una función determinada, una actividad catalítica. Una de esas actividades, que es la que nos interesa en esta ocasión, es romper ADN. Pero en nuestro caso, no queremos romper cualquier fragmento de ADN, vamos a por el gen CCR5…
Desde hace tiempo se han generado proteínas de fusión, uniendo fragmentos de distintas proteínas. Unamos a nuestra enzima un pequeño fragmento de proteína que tiene afinidad por el ADN y se une a él. Uno de esos “fragmentos” se conocen como Dedos de Zinc, y son capaces de reconocer secuencias específicas de tan solo 3 bases en el ADN.
Uniéndolos tendremos una proteína que se une específicamente a una región del ADN y que es capaz de cortarlo. Identifiquemos un dedo de zinc que se una específicamente a CCR5 y tachaaaaan gen cortado. Bueno, por si acaso, que sean varios dedos de zinc seguidos, así es de verdad ESPECíFICO.
Si a esto le añadimos que las células son algo chapuzas arreglando este tipo de daños, y que el resultado es un gen reempalmado, pero defectivo, tenemos lo que buscábamos.
Sangamo BioSciences, una compaía situada en Richmond, California, lleva varios años detrás de una enzima sintética que nos genere una “mala copia” del gen CCR5 en las células diana del VIH, los linfocitos.
Sangamo y el laboratorio de Carl June en el Abramson Family Cancer Research Institute in Philadelphia, Pennsylvania, ha seleccionado la enzima que mejor funciona de entre una batería de ellas. Es capaz de “estropear” entre el 40 y el 60% de las copias del gen en linfocitos humanos.
También observaron que si modificaban linfocitos y los introducían a ratones a los que posteriormente infectaban con el VIH, éstos tenían 7 veces menos virus que los controles. El año que viene planean empezar los estudios en humano.
Ojo ¡¡ Lo que se busca es sacar linfocitos de un paciente, mutarles el CCR5 y volver a introducírselos en el organismo para tener cada vez más clones no infectables por el VIH. Por lo tanto, esta tecnología es una terapia que sustituye a las drogas que bloquean CCR5…
Ojo 2 ¡¡ Esto no evitará la infección, nos dotará de más soldaditos inmortales contra el VIH….
Comunicación entre Tumores, Mecanismo para Avivar la Metástasis
Cuando se examina a una persona y se observan varios tumores en el organismo, la metástasis es la primera explicación que se nos viene a la cabeza. Una de las células tumorales de su tumor más desarrollado ha adquirido la capacidad de soltarse y migrar, ha “caído” en otro lugar del cuerpo, desarrollando un nuevo tumor.
Pero para la célula inmigrante a un nuevo tejido no es fácil hacerse un hueco, y muy pocas consiguen proliferar en su nueva residencia. Lo más normal es que queden silentes, dormidas, sin generar ningún problema detectable.
Pero de nuevo, otro truco cruel del cáncer sale a la palestra para demostrarnos que el adjetivo Maligno, lo tiene por méritos propios. La semana pasada McAllister et al publicaron en Cell un estudio que mostraba que ciertos tipos de cáncer eran capaces de producir y liberar una proteína que despierta células tumorales a lo largo y ancho del organismo.
La proteína llamada osteopontina ya estaba clínicamente asociada a riesgo de muerte, ahora sabemos porqué. Y como siempre, tenemos una nueva diana terapéutica, bloquear dicha proteína.
Para las mentes inquietas a las que os guste saber cómo lo han demostrado y no leeros el artículo (vagos) lo que hicieron fue lo siguiente;
Cogieron ratones y les co-implantaron dos tipos distintos de tumores, el primero que llamaron “instigador” (20 gallifantes a quién adivine porqué), de crecimiento rápido y metástasis fácil (ya se me ha escapao) y el “respondedor” (que crece poco y suele metastatizar fatal). Pues bien, vieron que la presencia del primero era suficiente para acelerar el desarrollo del segundo y provocar la metástasis de éste (9 veces más que los controles). Y por supuesto, que si bloqueaban la osteopontina este fenómeno no ocurría…
¿Entonces, bloqueemos la osteopontina, no? Pues no, la osteopontina la expresan otras células del organismo y para varias cosas, así que podéis haceros idea de los efectos secundarios…De todas formas, entre tanta variedad habrá que ver que tiene de especial la osteopontina tumoral, para trincarla de alguna forma, pero eso, a partir de esta semana…
La referencia se me ha olvidao en el labo, pero mañana os la cuelgo…
Genes Suicidas
Cada día, minuto y segundo que pasa, somos más conscientes de como funciona el mundo molecular, incluidas las batallas que en él se producen. Cada paso que damos en investigación básica, se disemina en un mar de terapias que buscan llegar a buen puerto, alumbradas por el conocimiento que tenemos, atravesando lo desconocido.
Vamos conociendo las armas y los implicados, como se forman las barricadas, y como se pueden blindar las estructuras. Como destruir al enemigo, y los daños colaterales que se generan.
Un tumor cerebral consiste en un conjunto de neuronas que, por desgracia, decide no parar de dividirse, en una zona tan delimitada como crucial para la vida del individuo. Una zona complicada para muchas intervenciones, pero no para todas…
Supongamos que tenemos una herramienta que puede acceder, reconocer las células tumorales y entrar en su interior. Sólo nos quedaría armar a nuestra herramienta, para dotarla de la letalidad que precisa y erradicar así el problema desde dentro.
Pues bien, una posible herramienta es un virus, un retrovirus. Este tipo de virus, en su infección “normal”, necesita para infectar una célula, que ésta se esté dividiendo. Si aterrizara en el cerebro, no tendría mucho futuro, ya que prácticamente las neuronas no se dividen. Pero sí lo tendría si hubiera un tumor…
Pero para que sea una herramienta a nuestro favor, debe ser segura, así que si le quitamos los genes que necesita para formar progenie, no podrá dividirse. Simplemente será un vector, que nos hará el favor de introducir una carga en las células tumorales. Esa carga debe ser un gen letal.
En américa latina, hay una fuente de cianuro natural: la planta de la casava. Si no se cocina, y se mastica, el gen de la linamarasa producirá una enzima que estaba en la pared celular de la planta, y se encontrará con su sustrato, la linamarina que permanecía en el interior celular. El encuentro termina con la transformación de la linamarina en cianuro y glucosa. Un mecanismo de defensa de la planta bastante letal.
Cojamos ese gen y metámoslo en nuestro virus. Dejemos que entre en la célula tumoral y se produzca linamarasa. Ahora solo nos queda hacer estallar la bomba introduciendo el segundo componente, la linamarina. El resultado son células tumorales muriendo con virus incapaces de dividirse en su interior.
Lo que parece un relato de ciencia ficción, ha dado excelentes resultados en animales de experimentación, a los que se les ha inducido tumores cerebrales, y se les han erradicado.
El único problema reside en un pequeño daño colateral (el cianuro es algo volátil, y afecta a alguna célula vecina del tumor) y en la necesidad de repetir el ataque (ya que no todas las células tumorales se están dividiendo en todo momento) lo que encarece la guerra bastante.
La (llamémosla ya por su nombre) terapia génica con genes suicidas condicionales es una herramienta para el futuro, que aún necesita mejorar, pero que sin duda es un candidato para combatir el cáncer. Tanto que ha llegado a utilizarse en ensayos clínicos.
Os dejo una entrevista con Marta Izquierdo, “madre” de la estrategia en cuestión, por si queréis saber algo más del ejemplo…y un resumen por su hermano; catedrático de neurocirugía.
Terapia del Futuro, basada en el Pasado…
Mucho antes de que la respuesta inmune adaptativa ganara complejidad, especificidad y memoria, una respuesta innata primitiva combatía los microbios de una forma rápida, inespecífica y redundante. Con 2,6 billones de años a sus espaldas (día arriba, día abajo) su funcionamiento sigue en riguroso vigor, pero sus nuevos y prometedores usos están de rabiosa actualidad.
Y es que en biología echar un vistazo atrás no está necesariamente reñido con avanzar. La naturaleza nos ha enseñado una y mil veces que sabe lo que se hace y muchas veces es inevitable rendirse a admirar cómo solventó la papeleta en el pasado, para conseguir desarrollar herramientas para el futuro.
No hay más que fijarse en los seres vivos que carecen de sistema inmune adaptativo, como los insectos. ¿cómo puede una mosca defenderse de bacterias, hongos y virus? La respuesta está en unos pequeños péptidos que forman parte de su respuesta innata y que acechan en las barreras del organismo, preparadas para eliminar toda forma de vida que intente penetrar.
Estos péptidos se conocen como péptidos antibióticos o péptidos antimicrobianos y son proteínas cortas (de 12 a 50 aminoácidos generalmente) ricas en residuos hidrofóbicos que pueden llegar a representar el 50% de la mini-proteína. Adquieren distintos plegamientos, pero normalmente son alfa-hélices anfipáticas o láminas beta, con formación de puentes disulfuro.
El primero en describirlas en detalle fue Hirsch, quien las purificó de gránulos fagocíticos presentes en células de nuestro sistema inmune. Estos péptidos se unían con gran afinidad a membranas de patógenos y formaban grandes poros, matando a los microorganismos.
En una época en la que vemos cómo proliferan organismos resistentes a múltiples de los antibióticos existentes, éste era un campo demasiado atractivo para no llamar la atención de la comunidad científica.
Pronto se expandió y Hans Boman, Michael Zasloff y Robert Lehrer aislaron independientemente estos péptidos en insectos, anfibios y mamíferos. Se bautizaron con nombres distintos en cada caso y así tenemos cecropinas en insectos, magaininas en anfibios y defensinas en mamíferos.
Hoy más de 800 se han descrito o predicho a partir de los organismos con genomas conocidos, y como no podían faltar, también están presentes en plantas.
Ahora contamos con un gran arsenal, algunos que son muy efectivos contra bacterias gram positivas, otros frente a gram negativas, hongos, virus, y por supuesto muchos que están por estudiar.
Gracias a estos descubrimientos actualmente por ingeniería genética se modifican para ganar en espectro de acción. Por ejemplo, si tenemos un péptido que funciona muy bien contra gram-, y otro que sabemos que lo hace en gram+ los fusionamos, formando un único péptido algo más grande, pero con mayor espectro de acción sin perder eficacia.
El único problema es no poderlos sintetizar en bacterias (lógico, puesto que las mata) y la síntesis de péptidos no es especialmente barata. Aún así puesto que han demostrado tener capacidad para matar microorganismos multirresistentes a fármacos, es un campo que está en plena ebullición y no me extrañaría en absoluto ver pronto alguno en las farmacias.
Es la nueva generación de antibióticos…
Bacterias in Action
Os cuelgo un vídeo realmente bueno y bien documentado de 3 de las bacterias patógenas más famosas; Legionella, Listeria y Mycobacterim Tuberculosis.
Inteligencia Molecular, Hoy: Listeria monocytogenes.
Listeria es una bacteria (bacilo) gram positiva, que produce raramente enfermedad en humanos, pero que tiene una estrategia para evadir el sistema inmune muy curiosa.

Casi todos los patógenos intracelulares entran en una célula se dividen activamente y salen a infectar más. El problema es que el sistema inmune está ahí fuera, esperando o buscando signos de que la célula está infectada para matarla con sus huéspedes dentro.
Listeria no se arriesga a salir al medio extracelular para infectar a otras células, ¿cómo lo hace entonces? Pues bien, agarraos que viene lo curioso. Muchos sabréis que la actina, un componente de un tipo de fibras del citoesqueleto (esqueleto celular) se polimeriza y despolimeriza, cambiando así la forma de las células (permitiéndolas lanzar pseudópodos para fagocitar entre otras cosas).

Pues Listeria deshace las fibras, y cuando tiene bastante cantidad de actina alrededor, la polimeriza en su “trasero” pa salir disparada como un cohete, atravesando así la célula infectada para atravesar como una bala la membrana de la célula contigua y seguir dividiéndose…
Aquí os cuelgo un vídeo de estas bichas infectando una célula en cultivo, fijaos que salen como cohetes, pero como no hay otra célula al lado dan media vuelta y siguen buscando, una pasada de vídeo del laboratorio de Thierot ( University of Stanford, CA. USA)
Caballos de Troya…Moleculares
Sólo en la mente del héroe Odiseo cabía la astucia que daría la victoria a Grecia en la guerra de Troya. Epeo, el mejor carpintero de entre los guerreros que asediaron las grandes murallas de Troya, construiría un gran caballo de madera. Con las dimensiones adecuadas, cabrían el mismo Odiseo y cerca de una treitena de hombres, suficientes para romper la seguridad de la ciudad.
Tanta heroicidad, relatada tanto en la Odisea de Homero, como en la Eneida de Virgilio, ha dado la vuelta al mundo y a los siglos.
Los tiempos cambian, y si los ilustres escritores griegos hubieran tenido a mano un microscopio e inquietud por ciertos patógenos, no habrían tenido que crear el famoso mito. Años de investigación han revelado que la idea de Odiseo, a nivel molecular, no es demasiado original.
Leishmania spp. son protozoos flagelados causantes de un conjunto de enfermedades denominadas Leishmaniosis. A nivel celular, el patógeno ha de conseguir infectar las mismas células del sistema inmunológico que están encargadas de destruirlo, los macrófagos.

Por lo tanto, deben entrar en ellos sin ser descubiertos, cada macrófago es la nueva Troya a conquistar y su membrana constituye una gran muralla. Como véis sólo nos falta el caballo en esta historia.
Los PMN o polimorfonucleares son las primeras células que se acercan rápidamente al sitio donde se ha producido la infección, para tragarse todo lo extraño que se mueva. Son células algo más pequeñas que los macrófagos, y tienen una vida muy corta (6-10 horas). Leishmania ha aprendido a dejarse tragar por los PMN, y evitar desde dentro que las “digieran”.
En su interior no se dividen, pero permanecen de forma silenciosa, hasta la llegada de los macrófagos, unas 48-72 horas después. ¿Como aguantan los PMN infectados esas 48 horas?La razón es que desde el interior, leishmania impide la activación de las señales de muerte de los PMN, hasta que todos los protagonistas están en el campo de batalla.En ese momento, los parásitos dejan que los PMN lleven a término su programa de muerte celular.
Los macrófagos también se encargan de eliminar células muertas, tragándoselas. Al reconocer que los PMN están muriendo, los fagocitan como algo muerto, y no como células infectadas, que es lo que realmente son, por lo que no desarrollan ningún mecanismo microbicida. Este es el sentido por el cual las Leishmanias mantienen a los PMN con vida hasta la llegada de los macrófagos, porque saben que éstos, como los troyanos, no ven una amenaza en un caballo inerte, aunque esconda una sorpresa letal en su interior.
Una vez las leishmanias están en el interior del macrófago se dividen a sus anchas hasta que éste revienta liberando leishmanias por todo el medio extracelular,que infectarán a más macrófagos. Así se desarrollará una infección con resultados, en ocasiones, letales para el individuo.
Puesto que patógenos hay muchos sobre la faz de la tierra, espero que no se extrañen de que Leishmania no sea el único Odiseo, en esta molecular historia.
Algunos Plasmodium, causantes de la Malaria, utilizan una estrategia similar para conseguir evadir el sistema inmunológico e infectar sus células diana. Tomemos perspectiva en esta nueva batalla.
Los plasmodios tienen varias formas infectivas, y varias células diana en dos ciclos básicos; el hepático (donde los esporozoitos infectan los hepatocitos) y el eritrocítico (donde los merozoitos infectan los glóbulos rojos o eritrocitos). Pues bien, los primeros han de llegar de alguna forma al torrente sanguíneo, para infectar a los glóbulos rojos, pero vigilando la periferia del hígado están los macrófagos, que fagocitarían y matarían a esta primera forma del plasmodio.
Los detalles de la minúscula gran batalla se publicaron en Science, en el 2006. Gracias al uso de parásitos modificados genéticamente para que fueran fluorescentes, y a técticas de microscopía in vivo, se observó la curiosa estrategia.

Los hepatocitos infectados por el protozoo, como consecuencia de la infección, se separan de sus células compañeras y entran en los capilares hepáticos como células casi muertas llamadas merosomas. Estos merosomas pasan completamente desapercibidos, ya que el parásito manipula desde dentro la célula para que no se muestre nada de lo que tiene en el interior. Así se diseminan por el organismo causando la ya tan famosa como mortal enfermedad.
Aprendiendo de estos caballos de troya, los humanos volvemos a la carga. Dejamos lo que en su momento fue un mito, para convertirlo en realidad a pequeña escala. Múltiples terapias se basan en Caballos de Troya: desde terapias farmacológicas frente a patógenos, a terapias génicas con genes suicidas contra células tumorales…pero ésas, son otras historias.
Apoptosis: el Suicidio Celular.
Los seres humanos, dentro de nuestras “sofisticaciones cerebrales”, albergamos la posibilidad de quitarnos la vida ante una multitud de situaciones. Puede ser una depresión profunda, una enfermedad mental, una incapacidad absoluta, la pérdida del honor en algunas culturas…todos ellos han sido los detonantes de un grán número de defunciones.
Una vez más, podemos acercarnos a nuestra naturaleza más molecular, para ver que a nivel celular también se toman estas letales decisiones.
Y es que todas y cada una de las células de nuestro organismo, tienen la capacidad de suicidarse en diversos momentos y por distintas circunstancias. El nombre de este tipo de muerte celular se denomina Apoptosis, o muerte celular programada (definición que hay que coger con pinzas en ocasiones).
Podemos dejar la ética de lado, ya que no existe a estos pequeños niveles. El suicidio celular es un mecanismo conservado, eficiente y necesario.
Una célula reserva parte de su economía genética a genes que la pueden eliminar si fuere necesario. Buscando un mecanismo similar pero esta vez al revés, únicamente se me ocurre el de Wallace Carothers, descubridor del Nylon, quién siempre guardaba un espacio en su maletín para un vial de veneno, por si le urgía suicidarse (cosas de maniaco-depresivos), y que usó en 1937, desapareciéndo del mapa con 41 años.
Uno de los eventos en los que este mecanismo toma partido, y quizás uno de los más importantes, ocurre durante el desarrollo embrionario. Numerosas estructuras y tejidos desaparecen en el moldeado del cuerpo. Por el mismo motivo que en una obra se eliminan los andamios una vez usados, las células que participan en la formación de múltiples estructuras tienen que ser retiradas, así que una vez realizada su función, entran en apoptosis y dejan la estructura completamente funcional. Es el ejemplo típico de las membranas interdigitales, que desaparecen en el desarrollo ya que las células de estas estructuras se “quitan de enmedio”, para no entorpecer el movimiento de los dedos.
Este tipo de estudios en desarrollo, concretamente del gusano Caenorhabditis elegans son los que llevaron al descubrimiento de la apoptosis, y que implicó el reconocimiento público de Robert Horvitz, Sydney Brenner y John Sulston con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina del año 2002.
Otra causa común de muerte celular programada es la infección por distintos patógenos. Cuando una célula se ve infectada, “rompe el cristal de emergencia” y “pulsa el botón de auto-destrucción”. Entonces empieza el proceso secuencial que irá destruyendo su material de forma ordenada, consiguiéndose dos grandes objetivos; por un lado la célula evita que se multiplique el patógeno en su interior y a su vez, al romperse, lo deja visible para que actúe el sistema inmunológico. Como observaréis, es una estrategia muy eficiente de combatir pero a la par muy sacrificada. Sería el equivalente a un kamikaze, salvo que en defensa en vez de en ataque.
Es una forma de luchar por la supervivencia del tejido, del organismo y al fin y al cabo del ser vivo del que se forma parte. Un mal menor dentro de un pluricelular.
El verdadero ejemplo de suicidio se observa en organismos unicelulares, como son algunos protozoos y levaduras. Aquí no hay órgano que defender, no hay desarrollo de tejidos ni sería “inteligente” matarse por estar infectado…¿Qué sentido puede haber detrás de este mecanismo entonces?
Posiblemente, sea una forma “altruista” de colaborar entre unicelulares de la misma especie. Un altruismo sin límites que permite el éxito en infecciones por algunos patógenos, o disminuir el número de “bocas” que alimentar en situaciones de escasez de nutrientes.
Leishmania es un protozoo flagelado del que me veréis escribir a menudo, por deformación profesional. Estos parásitos infectan un tipo de células del sistema inmune (macrófagos), que a la vez están encargadas de eliminarlos. Simpática situación. Pues bien, resulta que si un macrófago fagocita un parásito vivo, se activa, y lo mata. Sin embargo, no tendría sentido matar algo muerto, por lo que si reconoce que está muerto simplemente lo traga y punto. En el contexto de la infección se ha visto que sorprendentemente dentro del grupo de parásitos muchos entran en apoptosis, y al ser fagocitados, permiten junto con su entrada la de otros congéneres. Y puesto que se les ha reconocido como “bicho muerto” no se mata a los compañeros en la entrada, compañeros que se dividen hasta matar a la célula por dentro.
De nuevo vemos (con microscopio) comportamientos impresionantes, a la vez que similares a los que acontecen cuando no observamos a través de ningún artilugio. Un ejemplo más de inteligencia molecular…






