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Yo también soy machista

Y

Quizás la forma más atípica de empezar estas disculpas es diciendo que nací en una casa que se podría considerar feminista. Mis padres se repartían las tareas del hogar y, desde pequeños, mi hermana y yo también. Teníamos la misma paga. Llegábamos a la misma hora.

Mi padre venía de una familia muy pobre en la que, desde muy pequeño, tuvo que trabajar en el bar familiar con sus hermanas. Allí no importaba el sexo: todo el mundo arrimaba el hombro. Para estudiar tampoco importó y, gracias a ello, una de mis tías fue una de las primeras universitarias del barrio y, supongo por la época, de toda Gran Canaria.

Además, siempre he estado rodeado de grandes mujeres: mi madre es tremendamente fuerte y mi hermana es una fuera de serie que siempre sacó mejores notas que yo. Mi tesis fue co-dirigida por una mujer excepcional. Tengo la suerte de tener una pareja muchísimo más inteligente y talentosa que yo. Y no se me escapa el hecho de que trabajo y siempre he trabajado con mujeres brillantes. A pesar de todo ello, si me preguntas qué es lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en el adjetivo “brillante” es la imagen borrosa de un varón heterosexual blanco de entre 30 y 40 años. No os digo nada por “tremendamente fuerte”.

Y la verdad es que siempre he buscado la igualdad que reinaba en mi casa. Por eso al principio decía que ni feminismo ni machismo, igualdad. Lo pienso y me da vergüenza, pero yo también lo he dicho. Luego me enteré de lo que significaba la palabra feminismo, claro. Pero cada vez que analizo la cantidad de veces que he podido decir eso, de los 10 a los 20 años, se me revuelven las tripas. Lo mismo me ocurrió con la discriminación positiva, que me costó mis buenos años entender. Porque yo también decía que la discriminación es discriminación. Y punto.

A pesar de mi posición de privilegio, yo también me he quejado de lo que me oprime el patriarcado por la ridiculez de no saber llorar. Sí, en esa típica situación en la que una mujer me contaba cualquiera de las discriminaciones de una larga lista, tan larga que todavía puede sorprenderme, yo no me podía callar y tenía que estar a la altura. ¿Te silban por la calle? Yo no sé llorar. ¿Te pagan menos? Yo tengo que ser un macho alfa. ¿Te tratan como si fueras inferior? Yo también tengo sentimientos. Como veis, una vez más, acertadísimo. Por suerte nunca he dicho eso de ¿y cuándo es el día del hombre trabajador? Menos mal que venía de una casa feminista.

A día de hoy, y en una versión mucho más optimizada de mi mismo, todavía me inquietan algunas actitudes feministas. Pero claro, con el historial que tengo a mis espaldas he aprendido a callarme y a pensar antes de decir una tontería. No siempre me sale bien. De hecho van seis párrafos de yo también y ya escucho esa vocecita estúpida que sale del brazo corto de mi cromosoma Y pidiéndome que diga también alguna de las cosas que hago bien. Por compensar. Por pedir mi medallita. Quién sabe.

No puedo dejar de asombrarme de la cantidad de yotambienes que tengo viniendo de dónde vengo. Con el curro que hicieron mis abuelos y mis padres. Y pienso que si por aquí estamos así, madre mía la que debe estar cayendo fuera. Por eso espero que esta lucha que lleváis (y poco a poco llevamos) en la que los hombres vamos despertando (que ya tocaba) sea capaz de eliminar todos estos privilegios.

Tanto los que vemos, como los que no.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.