Espectadores

Un día, el exmilitar Felix Baumgartner decidió hacer un salto distinto. El 14 de octubre de 2012 batió tres récords históricos al lanzarse en caída libre desde 39.068 metros de altura, después de haber ascendido en un globo tripulado hasta la estratosfera. Si, ya sé que esto lo sabes porque estuviste ahí y que ahí fue twitter, una emisora de radio o delante de la televisión, que para eso era domingo. Pero estuviste ahí. Y estuviste ahí porque iban a pasar cosas extraordinarias.

Igual que acompañaste a los reporteros que te llevaron a las tripas del Large Hadron Collider, el laboratorio más grande del mundo. Un laboratorio en el que decían que se iban a realizar unas colisiones de partículas que estarían dando vueltas, en un túnel con forma de circunferencia de 27 kilómetros, para descubrir otra partícula que tenía el nombre de Bosón de Higgs. Eso no se te olvida por las coñas del nombre. Y por los innumerables intentos de periodistas y científicos para explicarte de dónde salía la dichosa partícula. Ah y por los agujeros negros que se podían formar para engullirnos a todos y que, *gracias a Dios*, no se formaron.

Último caso: en enero de este año, Rosetta, la sonda de la Agencia Espacial Europea (ESA) y su robot Philae, salieron de su estado de hibernación para dirigirse al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, en cuya órbita entró en agosto. Ojo, que tiene mérito que la gente llegó hasta a aprenderse el nombre “Churyumov-Gerasimenko” y decirlo de seguido. Era tan conocido el tema que, en noviembre, Philae mantuvo atónitas a miles de personas mientras se acercaba a la superficie de un cuerpo rocoso que, para mí, sigue siendo impronunciable.

Tres escenarios deberían ser suficientes para mi experimento. Para tirar de supuestos y poder imaginar el impacto de esos eventos si hubieran tenido que contarse como se cuenta la mayoría de los descubrimientos científicos: cuando ya han sucedido. ¿Cuánta gente sabría de su existencia? ¿Cuánto habría salido de cada uno en los medios? Imagina el nombre de los artículos: “Successful jump of a human being from the stratosphere: a case study”. “Rosetta´s Philae landed on 67P/Churyumov-Gerasimenko comet”. ¿Quién buscaría esos papers para comunicarlo? Si me apuras, lo de Baumgartner sería un buen tema para algún periodista que quisiera montarse un reportaje exótico, pero el resto, en el caso de llegar, no llegaría ni a un 1% de la gente a la que llegó el experimento tal y como lo conocimos.

Llevo meses dándole vueltas. Creo que uno de los grandes problemas de la visibilidad científica no es la dificultad de sus contenidos, es la dificultad de generar expectación con ellos. Y esto se debe, de nuevo, a uno de los grandes cánceres que tiene la investigación, que es el secretismo hasta que se ha conseguido. El contar siempre la visión finalista de la ciencia que, en ocasiones, es un coñazo hasta cuando la haces tú mismo. Y todo porque si lo comunicas on-the-go, ninguna revista de las grandes mafias editoriales publicarán el artículo. Y sin publicaciones no se hace carrera investigadora. Porque si digo lo que voy a hacer, me lo copian. Porque si intento generar expectación, llamo la atención, pero me como el currículum con patatas.

Creo que el día que lleguemos al gran público será el día que reinventemos la forma de comunicarnos entre los científicos. Cuando consigamos compartir la euforia de los experimentos porque había expectación.

Eso si que será un gran salto y no lo de Baumgartner.

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6 Responses to Espectadores

  1. Ya hemos comentado algo por twitter, pero mejor desarrollarlo que 140 caracteres no dan para mucho.

    A mí personalmente no me parece algo necesario. Se pueden dar muchos problemas si divulgas tu trabajo antes de terminarlo, como por ejemplo que el resultado al final no sea el que esperas o sea inconcluyente. El plagio es otro riesgo, sobre todo en teóricos como yo. Los casos que citas están libres de esos riesgos, porque es imposible que nadie mande una sonda a un cometa antes que tú, pero en muchos otros campos habría problemas.

    Aquí parece que queremos darle la vuelta a la manera de hacer ciencia para mejorar la divulgación de la misma, y no le veo sentido. Es como pedirle a los bomberos que adquieran unas técnicas que no apagan los fuegos mejor, pero que son más vistosas.

    No olvidemos nunca cuál es el fin y cual es el medio. La ciencia es valiosa con o sin divulgación. Si queremos divulgar también, pues genial, pero lo importante es lo importante.

    • sonicando says:

      Hola Daniel,

      Estoy de acuerdo con algunos peros. El más importante es que el sistema que tenemos NO FUNCIONA. Que sí, que durante mucho tiempo parecía el mejor, pero no funciona. Es un sistema que fomenta la mentira y que enriquece a un sector editorial realmente extraño. Además, dicho sistema de investigar con “las cartas pegadas al pecho para que no te las vea nadie” fomenta que se repitan investigaciones, que se “chafen” artículos y que se gasten muchos más recursos que los necesarios.

      Aquí solo propongo una reflexión: si usáramos otro sistema, podríamos además generar expectación. Y vendría muy bien para comunicarnos con esa gente que paga nuestros experimentos y que decide la política que nos afecta.

      Tienes razón en que la ciencia es valiosa con o sin divulgación. El problema es que sin divulgación, cada vez habrá menos ciencia. Y no lo digo yo, lo dicen las cajas de los centros, aquí y en muchos otros países.

      ¡Un saludo y gracias por tus comentarios!

  2. Como ya hemos comentado antes, pienso que el problema no recae tanto en el no querer adelantar resultados, que por supuesto es lícito e incluso lógico. Sino en que no se considera que a la sociedad le interese que estás trabajando en analizar la cinética enzimática de una enzima que a lo mejor sí, pero no está claro, participa en algunos procesos de cáncer, y tal y cual… (llevándomelo a mi terreno, claro). La expectación, el asombro, se consiguen con cualquier dato y en base a cualquier campo, si se sabe “vender” bien. Ahí es donde fallamos. No estoy de acuerdo con Daniel en la relación entre la divulgación y la ciencia. La segunda puede beneficiarse y mucho de la primera, pero rara vez se verá perjudicada. Que hagamos la ciencia y sus mecanismos populares, llamativos, atrayentes, no puede sino traer grandes beneficios para la sociedad y su percepción hacia el trabajo científico. Y si en el camino podemos ir puliendo esos fallitos, fallotes a veces, del sistema de comunicación de resultados científicos (que los hay y muchos, como bien apuntas) pues tampoco lo veo malo.

    El problema es que los propios científicos estemos sintiéndonos tan responsables de hacer también de divulgadores: ni todos pueden, ni quieren, y algunos queremos y no sabemos bien cómo es mejor hacerlo (algunos hasta terminan empeorando la cosa, por no saber hacerlo bien). Así que pienso que a lo mejor lo suyo es potenciar un entramado divulgativo interdisciplinar, formado por profesionales de múltiples ámbitos, expertos en comunicación, en ciencia, en periodismo… y en espectáculo, sí. Al que no le gusta montar un circo con la ciencia, no tiene porqué participar; pero tampoco creo que deban caérsele los anillos a nadie porque salierna en la tele unos tipos embatados poniendo a punto un nuevo anticuerpo, y la gente en sus casas dijese “¡flipante!”.

    En fin, son todo elucubraciones, pero cada vez estoy más convencido de que motivas la pasión, el asombro, el alucine, es la única forma de conmover a la gente. El rigor puede mantenerse intacto, sólo hace falta currárselo mucho y saber hasta dónde puede llegar cada uno.

  3. Francis says:

    En general, estoy de acuerdo con el post. Aún así no me resisto a comentar unas cosas.

    (1) El caso de Felix Baumgartner no es ciencia, ni siquiera técnica, es pura propaganda de una compañía de bebidas energéticas. De hecho, sus récords han durado poco. En octubre, Alan Eustace (directivo de Google) los batió, sin embargo, poca gente lo vio en directo o incluso lo sabe. ¿No interesaba tanto como Baumgartner? No, en mi opinión, no hubo una compaña de propaganda orquestada para que interesara a la gente (Google no necesita acompañar el logro de Eustace con el nombre de su marca).

    (2) El caso del Higgs en el LHC (CERN), o los logros espaciales de la ESA o de la NASA tampoco me parecen representativos o imitables. Estas instituciones tienen gabinetes de comunicación y divulgación muy fuertes que mantienen la atención de los medios y del público general de forma continuada. Hay hitos “menores” de forma constante. Luego los “grandes hitos” tienen un contexto continuo en el tiempo y nunca aparecen como hitos puntuales.

    (3) “La dificultad de generar expectación.” Estoy de acuerdo. La ciencia se diferencia de la pseudociencia en el método, en el trabajo sistemático hacia un objetivo. Pero los logros científicos más llamativos suelen ser los inesperados. La divulgación del método, en mi opinión, debe estar en manos de los propios científicos, que son quienes lo conocen. Para los periodistas, en general, la biografía de un descubrimiento (el pasado o el presente continuo) tiene poco interés; el interés se centra en su futuro (el famoso “para qué sirve” asociado a las aplicaciones). Lo que tu llamas “contar siempre la visión finalista de la ciencia”.

    (4) “El secretismo” (…) y el “porque si digo lo que voy a hacer, me lo copian.” En mi opinión no están reñidos con la divulgación. Lo que pasa que no creo razonable pensar que el método, el camino, tenga tanto interés mediático como el logro, el objetivo.

    He impartido varias charlas a jóvenes investigadores para incentivarles a divulgar. Siempre digo que su labor debe ser multifacética, combinando lo “docente” (lo que ya se sabe sobre el campo), con lo “investigador” (el método que están siguiendo para ejecutar su trabajo), con la “transferencia” (el objetivo último de sus logros desde el punto de vista de las posibles aplicaciones). Siempre les digo que todo artículo científico o comunicación en un congreso es divulgable. Como un paso en el camino. Pero que no pueden esperar que miles de personas estén interesados en todo momento en esos resultados intermedios. Aún así, cuando obtengan un resultado “relevante” que impacte en los medios, mucho gente querrá saber más y su labor previa de divulgación en la penumbra brillará con luz propia.

    Mis charlas han tenido poco éxito entre los jóvenes. Sólo he logrado con muy pocas personas se inicien en la divulgación (los jóvenes tienen otras prioridades), pero aún así estoy muy contento con los pocos casos que han seguido mis consejos.

    Divulgar el proceso, el método, el camino, es mucho más fácil que divulgar el logro. Pero mucha gente parece ignorarlo.

    No aburro más.

    Felices Fiestas a todos.
    Francis

  4. Pingback: Espectadores

  5. Este caso fue en particular por su seguimiento mediático muy interesante, nos hizo creer que la mente y la resistencia humana cuando unen fuerzas pueden convertirse en la llave más poderosa para abrir las puertas de lo imposible.

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