Amén, Hermano.

La noche del 11 de Marzo de 1970, Aretha Franklin, Johnny Mitchell y Johnny Cash maquillaron sonrisas y lucieron galas para recibir un premio Grammy que catapultaría sus carreras. Esa noche West Mongomery estaba a punto de recibir el premio a mejor tema de Jazz y Simon & Garkfunkel recibirían el premio al mejor disco.

Imagínense sus rostros hartos de disimular nervios y de controlar egos, divididos por el miedo a la caída y la euforia por la sabida entrega incondicional de miles de fans. Pero, aunque les suenen sus nombres, aunque les suene la intensidad del momento y de los aplausos, ellos no son ni de lejos los protagonistas de la historia de hoy.

Sentado en el mismo sitio que los que serían leyenda, Richard L Spencer, cantante de una formación famosa por una canción sentida hacia un padre de adopción, subiría a recoger el galardón a mejor tema de Rhythm & Blues. Y era bien merecido, ya que Color Him Father había demostrado su poderío vendiendo numerosas copias del álbum el año anterior. Pero claro, a diferencia de los anteriores, ustedes no conocen a Richard L Spencer porque cuando subió a recibir el premio, su banda, The Winstons, ya era cenizas del pasado. Humo. Carne de entrada de una sola línea de Wikipedia o de canción especial de una pareja a la que les pilló su momento especial escuchando Color Him Father por accidente. Pero no se preocupen porque Spencer, como Franklin, Mitchell y Cash, como Mongomery y Garkfunkel, es únicamente un personaje de referencia en esta historia.

¿Qué tienen en común la sintonía de Futurama, Mindfields de The Prodigy o Eyeless de Slipknot? Siga leyendo.

Jester Joseph Hairston tampoco es el protagonista, pero tiene parte de la culpa de todo esto. Jester Joseph Hairston era un compositor americano que compuso varias canciones famosas, entre ellas un villancico llamado Mary´s Boy Child que popularizó Boney M., y Amen, una canción que cantaría Sidney Poitier rodeado de monjas deseosas de aprender inglés –con acento– en la película de Ralph Nelson, Lilies of the Field. Amen es la clave porque The Winstons pensaron que una versión upbeat sería perfecta para la cara B del Color Him Father.

Y en esa versión llamada “Amen, Brother”, en el mismísimo 1:26 es donde a Gregory C. Coleman, el verdadero protagonista de nuestra historia, se le subió el jungle a la cabeza e hizo un solo de batería de 6 segundos que pasaría a la historia. Un solo de batería que tiene nombre propio: The Amen Break. Un solo de batería del que, si lo buscas en internet, google te devuelve más de 300.000 resultados.

Y sí, ese solo es el que tienen en común las canciones anteriores. Y también la sintonía de las Supernenas, el mítico rap Informer de Snow o Do Y´Know What I mean de Oasis.

Los breakbeats Lenny Roberts y Lou Flores tuvieron la culpa de que si buscas Amen Break a día de hoy, Google te devuelva 300.000 resultados. Lenny Roberts, Lou Flores y “Fat” Stanley Platzer. Pero eso fue por lo menos unos diez años más tarde del paseo glorioso de Spencer por los Grammy. Porque los ochenta, entre otras cosas, fueron la época en el que los Dj´s pasaron de accesorios a indispensables. Y los Dj´s necesitaban algo que poner a dar vueltas en loops infinitos que hicieran juego con las mejores ocurrencias de los raperos que inundaban las calles en Chicago. Y ahí vieron el negocio los señores Lenny, Lou y el gordo de Platzer. Entonces empezaron a vender breaks de batería en loops en forma de discos con un dibujo de un pulpo en su portada. Con el tiempo y el éxito pasaron de esos precarios Oktopus Break Series a Ultimate Break & Beats; una colección de discos de éxito y popularidad difíciles de igualar. Y en el primero, con el solo bajado de tempo para dejar bien claro que todo aquél que quisiera hacer rap tenía que pasar por el Amen Break, estaba “Amen, Brother” de The Winstons. No pasó ni un año y ya se convirtió en la base del primer éxito que se enredó en él, I Desire de Salt´N Pepa.

Pero también lo puedes escuchar en Little Monster de David Bowie, Common Reactor de Silversun Pickups, How Can you Luv Me de Unmortal Orchestra.

El Dj Frankie Jones fue el que, calentito y traído bajo el brazo, introdujo el Amen Break en la movida noventera de las raves inglesas. Y todo se llenó de Dub-Plays. Porque la escena necesitaba música rápida de hacer y de pinchar. De tu sampler a la rave de por la noche. Creación de corta y pega con originales resultados inmediatos.

Y es que en esas fiestas el objetivo no era necesariamente crear, el objetivo era que nadie se parara en toda la jodida noche. De ahí a meter samplers en canciones de nueva composición había un trecho, un paso que se dio como cualquier paso de baile en cualquiera de aquellas sudorosas noches. Las canciones se construyeron encima y debajo de samples. Se ralentizaron o se aceleraron. Y luego se añadió el punto de cada artista. Y ahí estaba el Amen Break, sumergiéndose cada vez más profundamente en la historia de la música moderna.

El Amen Break pasó del Hip-Hop al Acid House, del Acid House al BreakBeat Hardcore, del BreakBeat Hardcore al Jungle y del Jungle al algo más relajado como el Drum & Bass. De seguido. Con cada golpe en el mismo sitio. Sin despeinarse. Y de igual manera ha llegado a nuestras fechas y se ha colado en You Know I’m No Good de Amy Whinehouse, Sehnsucht de Rammstein o The Perfect Drug de Nine Inch Nails.

Pero ¿Por qué esa obsesión con el Amen Break? ¿Qué tienen esos 5,2 segundos que no tenga cualquier otro ritmo de batería? El matemático Michael S. Schneider se empeñó en venderlo en su libro A Beginner’s Guide to Constructing the Universe: Mathematical Archetypes of Nature, Art, and Science como la onda de sonido que contiene el famosísimo Golden Ratio, la proporción Áurea que marca estándares de belleza en otras múltiples áreas y que tan bien saben identificar los artistas. Pero el capítulo que trata el tema ha sido ampliamente criticado por ser numerología barata. Si no lean The Golden Ratio: The Story of Phi, the Most Astonishing Number, que también dedica un capítulo a criticar los malos usos que se le dan a dicho número.

Aun así, con ciencia o sin ella, el Amen Break ha arrasado en ventas. Ha hecho triunfar por doquier a cientos de artistas.

Debido a los tiempos que corren se preguntarán qué ocurrió con los derechos de autor de una de las obras más usadas en la música contemporánea. Pues bien, ni el señor Coleman ni nadie de los Winstons se han forrado a su costa. Ni se han forrado ni han recibido un céntimo por ello. Cuando empezó a popularizarse la canción el grupo ya no existía y Spencer, que dejó la música y se sacó Ciencias Políticas le importó entre nada y menos. Eso sí, le sorprendió cuando le llamó un productor 30 años después queriendo comprarle los derechos. Entonces es cuando se enteró de todo lo aquí escrito.

Jester Hairston murió en el año 2000 con 99 años y Gregory C. Coleman murió en 1996 en Atlanta, Georgia, en la más absurda de las miserias. No vamos a meternos a discutir sobre derechos de autor, pero resulta difícil de encajar que el Amen Break, que ha generado millones de pasos de baile, gotas de sudor y billetes de un dólar, dejara a su autor morir en la indigencia.

En su memoria, pueden visitar la AmenBreakDatabase y subir los temas que en los que ustedes reconozcan los 5,2 segundos más repetidos de la historia. Comprarse una camiseta molona con el amen break hecho onda o intentar escucharse todo lo que les suene que tenía de fondo el tumtumpatucutucupá que rezuma esta entrada.

Pero sobretodo, cada vez que lo descubran en un tema nuevo, cada vez que lo escuchen en sus casas, cada vez que lo reconozcan en un bar, yo les animaría a que levanten sus copas y digan con orgullo: ¡Amén, hermano!

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3 Responses to Amén, Hermano.

  1. Iñaki says:

    Pero a ver… no entiendo. Lo único que hace en ese break es continuar con el ritmo que tiene el resto de la canción. En el último segundo lo rompe un poco para darle algo de gracia, pero vamos… no hace nada. Es un ritmo más o menos estándar que ya habría usado mucha gente antes.

  2. sonicando says:

    La gracia está única y exclusivamente en que esos 5,2 segundos se queda sola la batería y gracias a eso se pudo pinchar en bucle para hacer bases de Hip-Hop y con eso se popularizó. Claro que no es un ritmo único, pero sí se hizo muuuuuucho más conocido gracias a “Amen Brother”.

  3. Quique Sudhachandran says:

    Esos 5,2 segundos de bateria han supuesto para mucho el comienzo del sampleo. No el ritmo al tempo original, ya que puedes oirlo en infinitos temas a diveros bpm, ecualizando los agudos, matando los graves… Viene a ser como el Smells Like Teen Spirit al principiante de guitarra… El primer sampler que te cae entre las manos para poner a la gente a bailar.
    Genial entrada!

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