Blog de Ciencia y Música

Brócoli, Oreo y…Gorgojos

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[Aquí, el audio de la sección de esta semana en Las Mañanas de RNE con Alfredo Menéndez y Javier Capitán]

Nos pegamos media vida intentando montar una dieta sana y equilibrada y un régimen que funcione para el verano peeeeeero siempre tienen que aparecer noticias científicas que nos estropean esas verdades universales que teníamos ya grabadas a fuego. Porque resulta que hay colesterol bueno y malo y ahora el pez que daba el malo pues no lo es tanto y así seguiremos mientras que la ciencia siga su avance.

Pues bien, esta semana es una de esas semanas de noticias científicas para hablar de lo que nos metemos en la boca.

Resulta que un grupo de investigación de la Universidad de Georgetown en Washington DC, USA acaba de descubrir que la clave para sobrevivir a un desastre nuclear está en el brócoli. Sí, en en el brócoli.

Esta vez no ha aparecido en Nature ni Science pero sí en la también prestigiosa revista Proceedings of the Royal Academy of Science o PNAS.

Se ha observado que después de comer brócoli nuestro estómago está muy enriquecido en un compuesto llamado 3,3, diindolylmetano o DIM. Este compuesto ha sido estudiado en numerosos estudios como anticancerígeno, pero las radiaciones ionizantes son palabras mayores.

El experimento con el que han demostrado el papel antinuclear del compuesto consistía en someter a ratas a dosis letales de rayos gamma, que matan a los animales en unos 10 días. Pero si justo después de las dosis letales les inyectaban DIM, los animales pasaban los 30 días y parecían bastante sanos.

Por lo que, apunten, señores y señoras para sus dietas coles de bruselas, sanas, no engordan, y pueden alejarles del cáncer y de una muerte por sobredosis de radioactividad. Hasta que la ciencia demuestre que tienen otros efectos nocivos y que no eran para tanto…todas suyas. Ahora, ojo, que basta con que en la radio se diga algo así para que la gente le meta Brócoli a todo. Coman lo normal y de todo, que no vivimos en Fukushima.

Lo que si sabemos que no hace mucho bien son las galletazas de chocolate. Grasa y azúcar no parece muy buena combinación para ninguna dieta sana aunque nos llamen mucho más la atención que el brócoli. Pues bien, mucho ojito porque, por ejemplo, las famosas galletas Oreo podrían ser más adictivas que la cocaína o la morfina o, por lo menos, así lo son para las ratas.

En una investigación liderada por Joseph Roederer del instituto Conneticut College se han realizado experimentos de adicción en estos roedores utilizando la famosa marca de galletas así como distintas drogas para comparar el nivel de adicción de las mismas.

El experimento ha dado un resultado algo escandaloso que está inundando la red; y es que las ratas se vuelven locas por estas galletas negras y además suelen reclamarlas más que algunas drogas. Lo que empezó como un experimento para denunciar la adicción que muchas personas tiene al azúcar y a determinadas grasas podría complicarse para la marca de galletas.

No sé si se acordarán del anuncio en el que una niña le enseñaba a su padre a comerse una galleta de esta marca…

            [Anuncio http://www.youtube.com/watch?v=09AEsWmL_c4]

 …pero lo más curioso que sacan del estudio “aunque no es una evidencia estadísticamente significativa” es que las ratas se las comen como nosotros, primero las abren, se comen la nata y luego…la galleta.

Cuando los investigadores miraron las células que inundan en “núcleo del placer” en el cerebro en búsqueda de c-FOS, un marcador de activación de cuántas células se “congratulan” de que les des azúcar o droga, vieron que se activaban muchas más neuronas con las Oreos que con cocaína o morfina.

Hasta aquí las noticias de la semana, ahora pasamos a una nueva sección [Audio: Plage: Cristal Fighters http://www.youtube.com/watch?v=eV_LTi4Haf4] –es lo que tiene estar empezando- que vamos a llamar:

Increíble pero… Falso

(Hoooooooy: La cadena del Gorgojo)

En la sección hablaremos de todo tipo de pseudociencias que inundan la red, sobre terapias increíbles…y bien falsas que no tienen base científica…ni desperdicio.

Hoy que hablamos de comer y de dieta…vamos a hablar de coleoterapia: la curación por comer Gorgojos. Sí, gorgojos. Esos escarabajos chiquititos que crecen en la harina y el pan. Palembus Ullomoides Dermestoides (es su nombre científico).

“Estos coleópteros, científicamente llamados tenebriónidos, forman parte de una terapia complementaria que no cuenta con sustento científico hasta el momento”.

La coleoterapia nació, hace cuatro años en Argentina, de manos de una analista de sistemas misionero, Rubén Dieminguer, quien hoy lleva adelante la Fundación Avanzar -en la ciudad de Oberá- y fundó la Cadena del Gorgojo. Fuentes poco fiables dicen que alrededor de 150.000 personas en Argentina comen estos insectos a diario.

Esta terapia tan poco convencional exige que los gorgojos -que miden cinco milímetros- se consuman vivos, sin morderlos, con agua o mezclados con yogur, leche, miel, helados, gelatina o dentro de cápsulas vacías que se consiguen en droguerías o farmacias.

“Todavía no tiene bases científicas. Pero no es un tratamiento, es una terapia complementaria al tratamiento médico, por eso nadie tiene que dejar de lado la medicación tradicional

Si lo buscáis en Internet veréis que se utilizan para curar el cáncer y el sida. O el cáncer y la diabetes. O el cáncer y la presión arterial. O para el cáncer y el Parkinson. O para la sanación corporal. O para todo esto todo junto.

El sistema para consumirlos es de la manera siguiente: El primer día te tomas uno (vivo), el siguiente dos, y así exponencialmente hasta completar 70. Luego bajas de igual manera hasta uno. Tratamiento que consiste en la ingesta de unos 4900 tenebriónidos durante 140 días.

Si buscas en bases de datos de biomedicina: Palembus Dermestoides solo salen 5 resultados. 4 son de descripción biológica del bicho y una es…”Aphrodisiacs past and present: a historical review” En la que se cuenta que este tipo de bichos se tomaban como afrodisiacos así como otros escarabajos y que en múltiples casos existía un aumento de distintas enfermedades asociados al mismo.

Esta sección la vamos a terminar con un apunte que decía siempre Tim Minchin, escéptico y músico, ¿Sabéis cómo se le llama a una medicina alternativa cuando en realidad funciona?:

MEDICINA.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.