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Superhéroes de la ciencia #3: Las supermemorias

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[En Superhéroes de la ciencia nos vamos a dedicar a la caza, captura y examen científico minucioso de personas con superpoderes. De personas extraordinarias con poderes extraordinarios. Porque un gran poder conlleva una gran responsabilidad; pero seguro que tiene una mutación detrás…y vamos a encontrarla.]

(El podcast de esta entrada lo tenéis ya colgado en la web de RNE)

Suele decirse que somos nuestra memoria, que somos lo que recordamos. Si eso es cierto, qué menos que superhéroes tengan por lo tanto memorias a su altura ¿no?

Si hay una cualidad que puede hacerle la vida mucho más fácil a un superhéroe es tener toda la información a su alcance sin tener que consultarla. Poder seguir sus archienemigos por las calles conociéndolas a la perfección. Recordar todas las luchas, hacia qué lado pega cada malo maloso en todas y cada una de las disputas pasadas con nitidez cristalina. Pero claro, para eso habría que memorizar todo el pasado, o mucho mejor, no olvidarlo.

¿Existen personas que no olvidan en la vida real? ¿Existe este superpoder? Pues sí, por raro que parezca, hay personas que no olvidan nada. Pero nada de nada. Y curiosamente existen casos reales pero no un superhéroe en la ficción que tenga este superpoder.

Bueno, a no ser que nos quedemos con Funes el memorioso, del cuento de Borges. El resto de los superhéroes, cuando tenían mucha memoria era fotográfica y no es de la que vamos a hablar hoy.

Nuestros superhéroes de la ciencia se llaman hiperemnésicos y el número de casos puede contarse con los dedos de las manos. Su superpoder es tener una memoria autobiográfica superior a la media. No les pregunten todos los ríos de España, pregúntenles qué hicieron el 7 de abril de 1974. Ellos contestarán que era Domingo y empezarán a contarles cómo iban vestidos, qué vieron por la tele. Esos detalles que todos olvidamos. Y así con todos los días de su vida.

El más conocido y antiguo caso, nuestro primer protagonista de hoy, es Solomon Shereshevsky.

Con 29 años Solomon Shereshevsky empezó a trabajar como periodista en el Moscú de los años 20 y su director en el diario se fascinaba con que no necesitara papel y boli para apuntar las directrices y los datos de cada día. De hecho su supervisor llegó a reprenderle por este hecho y fue cuando se dio cuenta de la maravillosa mente de Shereshevsky. Bueno, cuando ambos se dieron cuenta ya que el mismo Solomon no pensaba que tuviera ninguna característica por encima de la media. Fue la sorpresa del director cuando Shereshevsky repitió palabra por palabra todo lo dicho en la reunión cuando el jefe alucinó. Lo puso entonces en contacto con un reputado neurólogo llamado Alexander Romanovich Luria, quién estudió a nuestro superhéroe durante 30 años escribiendo al final un libro con el ingenioso título de “Un pequeño libro sobre una gran memoria”.

Pero no es el único libro que se ha escrito sobre personas que no pueden olvidar. En “La mujer que no podía olvidar” (The woman who can´t forget) descubrimos a toda una superheroína de la memoria autobiográfica, y su nombre es Jill Price.

James McGaugh es un investigador de la Universidad de California que lleva varios años investigando a Jill Price y a otras personas con Super Memoria Autobiográfica.

 http://www.youtube.com/watch?v=SoxsMMV538U

Con él nos adentramos en ciencia que tienen detrás. En un estudio del equipo de McGaugh publicado en la revista Neurobiology of Learning and Memory y como muestra el equipo de investigación en un documental de la CBS meten a 5 supehéroes de la memoria autobiográfica –Marilu Henner, Bob Petrella, Rick Baron, Brad Williams y Louisse Lowen- en un escáner de Resonancia Magnética y según el neurocientífico Larry Cahil en función del estudio de las cantidades de materia gris/matería blanca, descubren áreas del cerebro más desarrolladas en estas personas. Lo que mostraba el estudio es que estos individuos tenían el lóbulo temporal –que de normal se encarga de la memoria, ninguna sopresa pues- y el Núcleo Caudado, que de normal se encarga de almacenar las habilidades que aprendemos, mucho más grandes de lo normal.

El tamaño de estas zonas en personas con memorias autobiografícas es 7 u 8 veces superior al de personas normales.

El núcleo caudado está afectado en algunos transtornos como el OCD (Obsessive Compulsive Disorder) que también parecían tener algunos de los pacientes del estudio, que apuntaban todo lo que hacían a diario u ordenaban todas sus cosas de forma excesiva.

Se les está buscando alguna anomalía genética, pero por ahora son muy pocos casos y no se encuentra ninguna correlación clara. Pero empiezan a surgir patrones, pistas. Normalmente nosotros recordamos las cosas que emocionalmente nos mueven. De hecho McGauch muestra varios experimentos en roedores en que los que muestra que la adrenalina ayuda a fijar la memoria. Así separamos lo importante de lo que no lo es. Esta gente recuerda todo sin necesidad de adrenalina. Y otra observación sin explicación es que todos los varones son zurdos.

Como casi todos los superpoderes de los que hablamos puede ser una gran arma de doble filo. Mantener ese gigantesco archivo en nuestra memoria no facilita operaciones sencillas. Shereshevsky tenía grandes dificultades para mantener una simple conversación, expresar deseos y tomar decisiones. El problema era que en esos casos, en su mente se agrupaban tantos conceptos, cifras e imágenes que le hacían casi imposible relacionarse, mantener un hilo argumental y enfrentarse a una elección. El resto de los pacientes estudiados por McGaugh no tenían ese problema, pero, salvo uno, estaban todos solteros. ¿Tendrá que ver con discutir con alguien que se sabe todas las discusiones de memoria?

En el caso de Solomon su hipermnesia estaba, además, ligada a una percepción muy aguda de sinestesia, un trastorno poco frecuente que mezcla los sentidos. Así, por ejemplo, Shereshevsky afirmaba que “sentía el sabor y el peso de las palabras”, una cualidad que le resultaba muy útil a la hora de recordar datos, situaciones y cifras, pero que le entorpecía cualquier otra acción, como comer con una música poco apropiada o hablar con determinadas personas cuyo tono de voz le resultaba desagradable para otros sentidos. “En una ocasión quise comprar un helado. Me acerqué al vendedor y le pregunté qué sabores tenían. Helado de frutas, me dijo. Sin embargo, a mi mente llegaron visiones de tonos carbón, cenizas… y no me atreví a comprar ningún helado”.

Lo mejor que tienen estos superhéroes es el pensar que tienen que hacer de cada día de sus vida algo especial, porque ya que van a recordarlo sí o sí, prefieren que pase algo impresionante. Así como recomiendan vivir cada día como si fuera el último, gracias a estos superhéroes de la ciencia podemos aprender a vivir cada día como si fuéramos a acordarnos de él, además, siguiendo esta filosofía casi seguro que lo que hagamos merecerá tanto la pena que hará que nos acordamos de él.

Links:

El hombre con más memoria -Revista Quo

Sobre el autor

Lucas Sánchez

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.