Blog de Ciencia y Música

En el medio

E

Es un cable de tensión como cualquier otro. Un cable de tensión viejo de película sujeto en un mástil viejo de película y entre ellos se vislumbra un cielo de color viejo de película. Todo está como coloreado, como si la imagen no fuera real del todo. Instragramado. Envejecido a posta. Entonces empiezo a seguir el cable y lo que veo son pequeños animales que permanecen quietos en los cables. Son ratones. Sí, en serio. Ratones. Los hay blancos con los ojos rojos, negros con los ojos negros y de nuevo blancos con los ojos rojos. Se alternan convirtiendo el cable de alta tensión en un código de barras con bigotes y colas retorcidas. Un código de barras que a saber qué codifica.

En la escena solo hay colores viejos, pero nada de sonido. A veces me parece que escucho el ruido que hace el viento pero estoy tan absorto mirando a los ratones que no recuerdo muy bien si realmente puedo oír algo.

De repente alguien pincha otra cámara y ahora el plano es mucho más amplio y estoy en una calle muerta por lo vacía de personas. De repente la cámara gira y veo una cabina de teléfono. De repente lo entiendo todo, estoy en la película de Alfred Hitchcock de los pájaros, pero en mi película no hay pájaros, hay ratones blancos con los ojos rojos y ratones negros con los ojos negros; los mismos ratones con los que trabajo. Entonces sí noto como se hace patente el silencio aunque no entiendo por qué, puesto que antes no había sonido, o por lo menos no era consciente de que hubiera sonido. De repente, siento mi intriga pasar por miedo para resultar en pánico y en un despertar sudando.

Así pasó el otro día y así ha sucedido más veces. Las pesadillas eran distintas pero eran pesadillas igualmente.

Supongo que la experimentación animal se ataca o se defiende en el mismo juego blanco-negro que cubre todas las discusiones éticas posibles. No se puede estar más que a favor o en contra. O eres un asesino sin escrúpulos o un salva vidas con una justificación más que válida. O vas a salvar el mundo o estás haciendo del mundo un sitio lamentable.

Pero, a veces, en el medio, muchas personas que necesariamente tenemos que trabajar con animales hacemos equilibrios en un cable viejo de película, sujetado por un poste viejo de película, sin saber si un día podrán más las justificaciones o las pesadillas.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

comentario

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.