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Fracasar

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El otro día era un día cualquiera salvo para una persona de mi laboratorio para la que era uno de los días más importantes de su vida, puesto que estaba, con la voz temblorosa, discutiendo los resultados de los últimos agridulces años de su vida frente a un tribunal de expertos en lo suyo.

Para los menos instruídos en la defensa de una tesis doctoral, cuando terminas de soltar tu discurso -que vienen a ser tus resultados que obviamente te sabes de memoria contados como si te los hubieras estudiado de memoria para no fallar-, vienen las preguntas de los expertos en lo que son expertos. Todo son felicitaciones para tu director o directores, para el laboratorio, y algún que otro capón sobre cómo está escrita. Sobre lo que le faltaba a la receta de algo que, si no estuviera rico, no se habría comido. Tonterías al fin y al cabo; formalismos para no quedar de blandos en la mayoría de las ocasiones. Luego vienen las preguntas pertinentes sobre cosas que no quedan claras en el manuscrito o preguntas que desafían al que va a ser doctor para ver si realmente se merece intelectualmente, el premio que le van a dar igualmente.

Después de todo esto entran las peculiaridades que toda persona tiene sea o no miembro de un tribunal. Hay quién reitera las felicitaciones y hay quién en un ataque de pasión pregunta algo completamente fuera de protocolo para disfrutar de salirse de tono. No voy a dar más rodeos, la pregunta fue: en resumen, ¿Qué has aprendido en estos años de tesis?

Cuando fui a pensar en lo que contestaría ya había contestado. Me sorprendí a mí mismo diciendo en voz alta -pero en bajito, afortunadamente- «a fracasar». Básicamente creo que es de las verdades más verdaderas que he dicho en voz alta en los últimos años; será porque la dije casi inconscientemente. Creo que la ciencia es eso. Y no me estoy poniendo melodramático, todo lo contrario. Aprender a fracasar significa no dejar que el fracaso te pase por encima, y a eso se aprende fracasando mucho. Muchísimo. Y todos los días.

Mi tesis fue eso y ahora queda preciosa en un par de publicaciones científicas. A toro pasado, dejando la frustración y todos los experimentos que no salieron aparte, esa es la historia semiperfecta que parece perfecta entre los lomos duros de mi tesis. Los experimentos que otros doctorandos envidiarán porque verán preciosos al lado de todo su fracaso cuando la muestre en un seminario. Y se preguntarán si no podrían tener suerte y que sus resultados fueran igual de buenos que los de «el resto». De esos que enseñan cosas bonitas que parecen hasta lógicas. No todo ese cúmulo informe que tiene encima de la mesa y que no sabe ni cómo explicarse, ni cómo explicarlo.

Si alguno que está leyendo esto no sabe a lo que me refiero que se lo apunte. La ciencia es fracaso. Siempre. Pero parece que cuando estás a punto de tirar la toalla, cuando crees que realmente no vas a poder aceptar otra noche sin dormir, cuando tus nervios ya no saben qué órgano molestar, salen cuatro cosas, se entiende casi todo y tienes para una tesis.

Pero ojo, que te nadie te quita lo bailado cuando la terminas. Que sufrir no es gratis. Que a sufrir se aprende, y fuera, lejos de la bata, sin las pipetas en mano y sin guantes, hay mucho fracaso que se lleva mejor si se ha pasado por un infierno laboratorio.

Faltaría más.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

comentarios

  • Cómo lo clavas, tío. Este post es para darlo como documentación a todo el que empieza en un laboratorio, junto con los protocolos de hacer minipreps.

    Además es una bonita lección, nada enseña más, que fracasar una y otra vez. Y la ciencia no se hace con éxitos, se hace por igual con éxitos, fracasos, y la forma en que unos y otros se complementan.

  • A mí también me explicaron así cuando exponían qué era investigación. «Igual estás dos meses programando, y te das cuenta de que tu idea o hipótesis no es válida. Hay que hacer un montón de bolas de papel y empezar desde 0 de nuevo». Y esa actitud no gustaba a muchos de mis compañeros, y optaron por empresa. Existe ese miedo al fracaso o a que tu trabajo no sirva para nada. Yo a mis alumnos sí que les digo «que un paper puede ser que algo funciona, pero también decir que algo no funciona».

  • Un post muy acertado. Quizá me falta el toque optimista, porque si bien es cierto que la cantidad de experimentos fallidos puede llegar a ser frustrante, cuando ves esa manchita en la TLC, o ese pico en el cromatograma, la felicidad que se siente es indescriptible.

  • PLAS, PLAS, PLAS…BIS-BIS
    Esta entrada es de marco, no por lo que contiene… sinó por como lo contiene. Yo la pondría junto a esta otra de colega Copépodo: http://copepodo.wordpress.com/2012/12/06/el-sindrome-del-impostor-aviso-a-doctorandos/. Deberían incluirse en los manuales de laboratorio y ser de obligada lectura cuando firmas para empezar la tesis.
    Oí o leí no hace mucho que mayoría de los fracasados lo son porque abandonaron sin saber lo cerca que estuvieron del éxito. Solo cuando ya había acabado, yo me di cuenta de cuanta sabiduría había en esas palabras y en el ejemplo de mis viejos y en arenga que aprendí durante muchos años de Taekwondo: «no temáis al siempre invicto, temed al que ha sido derrotado y no claudica».

    Al final aprender a fracasar es aprender a tener paciencia (y mira que nos cuesta, tu), que como dice mi abuela: «ten paciencia, que la paciencia es la madre de la ciencia…»

    Un saludo

  • Excelente post!!! Los que hemos pasado por le arduo mundo de una tesis doctoral científica sabemos de lo que hablas… Y, efectivamente, se aprende a fracasar pero también se aprende a «vender» los fracasos por éxitos. Es igual de importante el explicar por qué sucede algo si efectivamente es así, como por qué no sucede si se da el caso.

    Saludos!

  • Cuando he leído lo de «cuando estás a punto de tirar la toalla» pensaba que ibas a salir por un camino melodramático diciendo que de repente salía todo pero no, me ha sorprendido porque es real, salen cuatro cosas, sabes que todo tú esfuerzo y dedicación no merece que «sólo» obtengas esas cuatro cosas pero es así, como he dicho siempre, y perdón por la expresión, «la ciencia es una mala puta».

  • Un año para clonar y sobrexpresar tres nitrorreductasas. Y por ahora un posible resultado positivo. Será el calor pero también pienso en el fracaso y si merece la pena.

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.