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Sobre la carta del Manifiesto de apoyo a Público

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Como uno de los firmantes del Manifiesto a favor del diario Público y de su continuidad, que en su día elaboró el filósofo Carlos París y concitó una ola de apoyo ciudadano a vuestro medio de comunicación, me siento realmente timado ante mi solidaridad, aunque me la agradezcan con mucho retraso debido a que han tenido múltiples obstáculos que han debido superar para lograr que el diario no sólo se mantenga vivo en su edición digital, sino que esté entre los medios con mayor audiencia en internet.

Ese Manifiesto fue rubricado de inmediato por decenas de intelectuales y personalidades del mundo de la cultura, el arte, la ciencia, la educación… Me pregunto dónde están esos intelectuales y personalidades del mundo de la cultura, el arte, la ciencia, la educación… ante la injusticia que perpetró la dirección del diario Público con sus empleados y colaboradores. Porque, aunque el más importante sostén fue el de los lectores, que mantuvieron su confianza en la línea editorial de Público tras el cierre de la edición en papel y que siguen contribuyendo, con su visita y participación diaria en vuestras páginas, a que sea posible un medio de comunicación decididamente de izquierdas, progresista, republicano y feminista; en realidad estos lectores no deben de tener ni idea de lo que sucedió con los empleados del periódico y que dista mucho de la filosofía decididamente de izquierdas, progresista, republicana y de lo que sea que se enorgullezca la dirección del periódico. Es cierto que gracias a la audiencia de la que gozan en internet y a través de las redes sociales, han podido continuar con una rigurosa cobertura informativa de las razones y consecuencias de la crisis provocada por la especulación financiera; de la corrupción política y económica que degrada nuestra sociedad; del movimiento de los indignados del 15-M frente a esa situación inicua; de la pluralidad nacional de España y su problemática evolución actual; de la memoria histórica con la que hay que hacer justicia a las víctimas de la dictadura, y de tantas otras cosas que conforman la compleja realidad que condiciona nuestras vidas. Ahora, que ni palabra de lo que sucedió con su ERE. Debe ser que cubren perfectamente la injusticia social y la especulación financiera; pero la de otras empresas.

En vuestro compromiso por mantener intactos esos valores y esa voluntad de seguir denunciando las injusticias, nos gustaría que denunciarais la que sucedió en vuestra propia casa. Encontrad la forma de recompensar a vuestros lectores, y sobre todo a los casi 45.000 que –como yo– apoyamos con su firma vuestro proyecto. Porque eso lo hicimos antes de que despidiérais al 85% de la plantilla. Para ello preparad todas las nuevas iniciativas, servicios y ventajas para los seguidores de Público que penséis convenientes. Para mí la mejor recompensa sería que el diario contara lo que sucedió tras el ERE y el despido de 130 personas. Cómo se volvió a comprar Público. Esa bonita historia que seguro que motiva a vuestros lectores y no la carta que nos habéis enviado al correo.

Aun así, muchísimas gracias por el detalle. Si aceptan mis sugerencias, podrán seguir contando con mi confianza en el futuro.

Atentamente,
Lucas Sánchez

Sobre el autor

Lucas Sánchez

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.