Blog de Ciencia y Música

El discurso que no di

E

Un año más, el Certamen Arquímedes de introducción a la investigación ha tenido a bien invitarme a dar una charla en su clausura. Como el año pasado, he intentado defender que la frase «el que mucho abarca poco aprieta» es mentira y que existe una vida más allá de investigar que puede ser tan rica como uno quiera; que los bares son tan importantes como las bibliotecas, y que casi siempre se pueden conseguir imposibles si uno le pone ganas.

Me faltó leer una carta que siempre pensé que me quedó algo blandita y que escribí no hace mucho tiempo.  Después de la buena acogida de la charla y visto que algunos estudiantes se quejaron de que no actualizaba esta casa, aquí dejo colgado un texto que debí leer o que por lo menos no me apetece, ahora mismo, que se quede cogiendo polvo en la carpeta documentos.

«La ciencia es una de las amantes más intensas que una persona puede conocer en la vida. Por lo de ser atractiva, difícil e interesante. Por lo de cautivar mientras te acercas de la forma más intuitiva. Porque para enamorarse de la ciencia no te hace falta más que tener los ojos bien abiertos.

Así, poco a poco, nos acercamos muchos. Y nos sentimos las personas más pequeñas del mundo. No merecíamos la bata, no merecíamos tener nuestro propio espacio y pedir un sueldo era prostituir la experiencia. Teníamos que demostrar que estábamos completamente locos por ella. Y lo estábamos.

Que te dejen jugar a descubrir cosas es un placer que nunca podré dejar de agradecer. Que te dejen un problema que solucionar. Para ti. Solo para ti. Un millón de problemas por descubrir detrás de una pequeña incógnita. Algo que crees que puedes abarcar y que irá creciendo en medida que tú lo hagas. Siempre que bailes sin pisarle los pies. Siempre que ella baile contigo sin perderte. La ciencia es una batalla que cada vez se libra en un escenario más abierto pero que vas entendiendo y que te encanta.

Pero poco a poco también te das cuenta de que la ciencia también es saber que llegas tarde y que te irás demasiado pronto. Olvidarte del tiempo y a la vez tener un temporizador que te interrumpe todo el tiempo para meter mano a un experimento. La ciencia es pedirte que toques todo el tiempo pero con guantes. Necesitar tus manos artificiales pero sin que se note que has movido nada. Porque en la ciencia todo debe estar controlado pero comportarse de forma completamente natural al mismo tiempo.

Por eso los pasillos de mi centro están llenos de corazones rotos. No se puede querer tanto todos los días tantas horas. No se puede romper cada noche y volver a empezar cada mañana. No se puede vivir en una montaña rusa sin que te pase factura.

Porque la ciencia da muy pocas alegrías muy intensas. Ese es el pegamento con el que te puedes romper cada noche el corazón y juntar los trocitos por la mañana. Porque las ideas, las hipótesis y las teorías no se crean de la nada, se reconstruyen de pedazos del pasado. Por eso demasiado tiempo destrozándote contra un muro te deja fuera de la ecuación. Porque no se puede construir algo que está constantemente besando el suelo. Por que no se puede querer a alguien que te hace sentir que no eres suficiente.

La ciencia te pide todo tu corazón y a la vez te impide que te guíes por corazonadas. Te pide toda tu inteligencia pero nunca puedes pensar que piensas lo suficiente. Te requiere en forma y no te deja tiempo para ir al gimnasio.

Pero no se engañen, no es una historia triste en absoluto. Lo intenso y pocas veces agradecido es lo más grande que a muchos nos ha pasado nunca. El correr con una idea recién nacida en las manos luchando porque crezca sin caerse al suelo es un placer mayúsculo.

A estas alturas muchos solo podemos pedir que nos dejen seguir queriendo lo que más queremos. Porque como en toda historia de amor, esto consiste en no dejar de intentarlo. Consiste en construir, romper, arreglar. Y si al final no funciona en este país, nos iremos con ella a cualquier parte del mundo.»

Sobre el autor

Lucas Sánchez

comentarios

  • Tengo que decir, que la carta de hoy me ha gustado y emocionado. Quizás no este redonda como tu dices, pero desde luego te coje el corazón y te da un vuelco.

    Seguro que a esos alumnos que te pedían que actualizaras les va a encantar al menos la mitad de lo que me ha gustado a mí. Aunque quizás al principio y como bien dices, las cosas se ven todavía un poco diferente y a medida que va pasando el tiempo vas conociendo las alegrías y miserias de esa amante.

  • Son, Lucas, los que mantienen ese romanticismo, los elegidos que verán el fin de los días de su vida sumergidos en Ciencia y para la Ciencia… al resto les llegará, nos llegará una mañana en el que ni el mas poderoso de los pegamentos servirá para juntar los pedacios después de tamaña masacre… Aquel día algunos cambiaremos el corazón por una piedra con tal de no tener que recomponer los trozos.

    Yo ya sé por que no leíste esto en la conferencia, habrías preparao un tsunami.

    Bravo!!

  • Tu carta explica claramente en lo que consiste la vocación científica. Sí que es cierto que le falta la chispa para hacer comprender a la sociedad que de la vocación no se come.
    Siempre se dice que para ser médico, enfermera y maestro hay que tener vocación. Pero esas son profesiones remuneradas. ¿Cuándo entenderá la sociedad y, sobre todo, los gobernantes que investigar es una profesión, y es quien ofrece las bases del crecimiento en cualquier sociedad? Si no, ¿de dónde se han sacado las vacunas, los tratamientos contra el cáncer, las prótesis de cualquier tipo, etc? Me siento desolada y abandonada en mi vocación. Ya no encuentro esa felicidad al ver que me llevo a casa la imagen de una banda que demuestra que mi hipótesis es cierta.
    Salud.

  • Qué alegría me ha dado ver tu post! Gracias por seguir compartiendo cosas con nosotros=)

    A mí la carta me ha gustado y me he visto identificada, ya que tenía la sensación de que era la única idiota convencida de que debía aceptar cualquier condición de trabajo con tal de demostrar que la ciencia es realmente mi pasión. Y sí, también me costó ver que merecía el hueco de poyata que me habían dejado. La ciencia tiene estas cosas, que es lo más difícil que has hecho nunca, pero también el reto que te puede llevar a mejorar y superarte. La tarea es agotadora y has de tener cuidado de que toda tu entrega no te lleve a perderte a ti mismo por el camino… Pero como nos contaste en la charla del certamen, hay vida más allá del doctorado y tu libro lo demuestra.

    Muchas gracias por los ánimos y por la compañía que ha supuesto el blog en incubaciones a deshoras.

    Y enhorabuena doctor!!

  • uauuu! Que bonito te ha quedado! 🙂

    Ojalá la ciencia decida quererme a mi un poquito, porque la maldita engancha, y el proyecto del máster sabe a poco…

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.