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Retracted

R

Quien haya presenciado o visto online alguna conferencia de Richard Dawkins, igual ha escuchado la historia que presenció en Cambridge y que acostumbra a contar a menudo. En ella, Dawkins explica un caso de uno de los profesores más mayores del departamento de Biología Molecular, que dedicó gran parte de su investigación a intentar demostrar que el Aparato de Golgi no existía y que éste simplemente era un artefacto.

Tras 15 años defendiendo dichas ideas, un investigador norteamericano, en una conferencia mostró pruebas que demostraban firmemente la existencia de dicho aparato. ¿Cual fue la reacción del profesor? Acercarse y darle la mano delante de todo la audiencia, agradeciéndole el haberle demostrado que llevaba 15 años equivocado.

Dawkins utiliza la historia para explicar que en ciencia se piensa y se valora la crítica, algo que no solamente no se apoya, sino que se persigue en muchas religiones.

Investigar qué hay detrás de las cosas a menudo implica darse cuenta de que uno estaba equivocado. Aprender que uno estaba equivocado y que son cosas que pasan cuando se intenta avanzar es lo que mueve a la ciencia y poco a poco al mundo.

Esta semana he visto un caso que me ha parecido exactamente igual de admirable.

En la investigación de cualquier organismo (en este caso Drosophila), ocurre muchas veces que se conoce el efecto final que tiene una mutación en un sitio determinado del genoma, pero se desconoce qué tipo de gen es el causante, es decir, para qué proteína codifica. Sabemos que hay un gen defectuoso, pero no en que cromosoma está.

Este es el caso del gen radish el cualaunque ahora se tiene más o menos certeza de su papel, hace unos años sólo se sabía que si estaba mutado, las moscas presentaban defectos en aprendizaje y memoria.
En Febrero de 2004 se publicó en la revista Current biology (Science) un artículo realizado por investigadores de Taiwan, Estados Unidos y Gran Bretaña. El artículo proponía que el gen de Drosophila radish codificaba para una proteína de la familia de las Fosfolipasas.
Más tarde, en septiembre de 2006, un grupo de Massachusetts publicó en la revista PNAS un artículo sobre el mismo gen, radish, pero en el cual llegaban a distinta conclusión que sus predecesores en cuanto a su función. En lugar de generar una fosfolipasa, descubrieron que el gen producía una proteína confunción distinta, la PKA. En su artículo, el grupo estadounidense hacía referencia al artículo de Current Biology, asegurando que en el genoma de Drosophila, la Fosfolipasa que ellos habían identificado como radish, en realidad está fuera de ese sitio, en otro lugar del genoma, así que, según ellos, era muy improbable que radish fuera una Fosfolipasa.
La polémica estaba servida, y debido a la naturaleza radicalmente opuesta de ambas posturas, era necesario llegar a una conclusión que acabara con las diferencias. La solución llegó de la mano del primer grupo que había publicado. En Octubre de 2007, apareció una breve explicación en la revista Current Biology, llamada «Retraction».

En un párrafo, los autores del primer artículo reconocían que tras conocer los resultados del grupo de MA, habían intentado reproducir sus propios experimentos y no lo habían conseguido. A pesar de que no se explican cómo pudo suceder eso, reconocen su error y lo hacen público, a la vez que piden perdón por las molestias que hayan podido originarse como consecuencia de su error.

Esto no es algo frecuente, pero ocurre. Al igual que el profesor de Dawkins los investigadores implicados en el primer artículo no se callaron y se quedaron en una esquina. Hicieron público que no tenían razón e intentaron que el resto supiera cual era la verdad, haciendo gala de la mejor ciencia que se puede hacer.

(Gracias a la moscóloga Maduixa por mandarme la noticia y ayudarme a masticarla para el blog)

Sobre el autor

Lucas Sánchez

Añade un comentario

  • Errar es de humanos, rectificar, de sabios, y reconocerlo, de hombres. Con la anécdota de Dawkins, ya tengo dos más en el arsenal, que nunca se sabe cuándo va a tocar discutir un tema por el estilo 🙂

    De todas formas, yo pensaba que la pobre mosca estaba destripadísima, pero ya veo que aún sigue proporcionando material. Y eso que es una simple mosca con cuatro pares de cromosomas…

  • Recuerdo la primera vez que escuché la anécdota de Dawkins: pensé que era una de esas cosas que ayudaban a devolver la fe en la especie humana. Ojalá hubiese más gente que entendiese que equivocarse no es malo per se, lo malo es insistir en el error.

  • #1 Y el gusanito (C.elegans) también sigue en la brecha…

    #2 Pues estas cosas son más habituales de lo que parecen. Al comentarlo en el laboratorio me han dicho, nunca habías visto un retracted? Así que más Fe en la ciencia (toma ya…)

  • De nada! yo tampoco había visto muchas «retractions», y ésta me la encontré por casualidad…
    EC-JPR, la verdad es que las moscas dan todavía muchisisisisisiismo de sí, parece mentira que con todo lo que se ha hecho quede tanto por hacer…

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.