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Consecuencias de la falsa vacuna para encontrar a Bin Laden.

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Imagina que vives en Abbottabad, Pakistán, que tocan a la puerta de tu casa y que cuando abres, aparece un médico y dos enfermeras. Imagina que te dicen que el motivo de la inusual e inesperada visita consiste en que vienen a vacunaros, gratuitamente, de la Hepatitis B. Que pertenecen a una campaña de vacunación internacional. Que solo será un momento de nada.

Quizás no sea difícil de imaginar. Quizás lo difícil de imaginar sea que detrás del médico, detrás de las dos enfermeras, detrás de las gasas y la jeringuilla, esté la CIA. Que no haya vacuna, que solo se trate de un pinchazo para extraer ADN sin consentimiento. Que sea para cotejar ese ADN con el del hijo de Bin Laden. Que sea por si el señor Bin Laden se encuentra en casa.

Pero, aunque haya que ser cautelosos, cuando la noticia aparece en los medios de comunicación, queda poco lugar para la imaginación. «La CIA organizó una campaña de vacunación falsa dirigida a obtener ADN de la familia de Osama Bin Laden» tituló el 11 de Julio el periódico The Guardian, responsable de destapar el «astuto plan» de la agencia de inteligencia americana. «Artimaña vacunal usada en la persecución de Bin Laden» el mismo día el New York Times. Quedaba a la luz el escándalo y la polémica estaba servida. Pero quizás ni el escándalo ni la polémica ante la violación a los derechos que representa la supuesta historia sean lo más importante.

La revista Nature no tardó demasiado en reaccionar. Se mantuvo escéptica ante la historia y planteaba algo bastante más importante que el propio hecho, sus consecuencias.

Pakistán es un país de 180 Millones de habitantes que se encuentra entre los cuatro países del mundo que todavía tienen circulando el virus de la polio. De hecho, en lo que lleva de año, ya hay 59 niños que han quedado paralizados por dicha enfermedad. Es un país que tiene las cifras de sarampión por las nubes comparado con el resto de la comunidad internacional, ya que más de 20.000 niños mueren al año debido a dicha enfermedad. Y todo por que existe un gran miedo a que la vacunación sea una sucia estrategia occidental anti-musulmanes, cuyo único objetivo es dejarles estériles.

Y es que al final, aunque Shakil Afridi -el falso médico contratado por la CIA-  esté en paradero desconocido, aunque la operación fue un fracaso -nunca llegaron a acceder a la familia de Bin Laden- aunque la CIA haya preferido no contestar a las acusaciones, en Pakistán, miles de personas seguirán muriendo por un miedo a la vacunación que se verá clara e injustamente potenciado.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.