Las dos caras de Lindau.

Ha pasado una semana desde que volví de Lindau. Del congreso para Educar, Inspirar y Conectar a jóvenes investigadores con la sabiduría de premios Nobel. Aquí os dejo las impresiones.

Nunca pensé que esperaría a Elisabeth Blackburn a la salida de un baile y que la acompañaría hasta el pedazo de Audi de-lujo-con-asientos-que-masajean. Tampoco pensé que después de una hora al sol no me diera una insolación esperando a que Peter Agre terminara de comer. Que rodearía a Aaron Ciechanover con una periodista polaca para que no se escapara y nos concediera una entrevista de apenas 5 minutos. Que Harald zur Hausen me dejaría tiradísimo en una de las entrevistas para mí más importantes del congreso, ya que podía acabar publicada en Nature.

Si le preguntas a un premio Nobel, casi seguro te dirá que nunca quiso ser premio Nobel. Parece que es una de las condiciones fundamentales. Jugar en el laboratorio, perder la noción del tiempo, no tener nada bajo la nariz que no sea tu inquietud. Pero no mirar nunca a largo plazo. No hace falta un proyecto importante, no hay que publicarlo en ningún sitio, no hay que salvar la vida de nadie. Hay que saber qué demonios hace lo que tienes entre manos. Cómo funciona. Pero porque a ti te importa.

Preparé 4 entrevistas; Martin Chalfie, Erwin Neher, Elisabeth Blackburn y Harald zur Hausen. Chalfie no pudo venir. Blackburn se fue el primer día. Neher tenía la agenda tan apretada que tuvo que salir justo el día y a la hora que teníamos concertada una entrevista. Zur Hausen decidió que no era de mala educación no aparecer en ninguna entrevista del día que me tocaba entrevistarle.

El lema del congreso era Educar, Inspirar y Conectar. Como joven investigador creo que no me educaron demasiado. Sin duda Oliver Smithies y Christian De Duvé lo hicieron.Peter Agre también lo consiguió. Y también inspiraron. Pero fueron prácticamente una excepción. El resto, en sus charlas, hablaron más de cómo ellos habían conseguido el Nobel. De sus investigaciones. De su vida. Y dieron algún consejo y poco más.

El día que me dejó tirado Zur Hausen apareció Peter Agre en la sala de prensa. Llevaba tres días acosándole, pero aunque siempre amablemente, nunca podía. Una mañana apareció en la sala de prensa. Cuando se le iba a abalanzar una de sus secretarias y la chica de prensa, me señaló. Dijo, “perdona, ese chico de ahí se llama Lucas. Es Español, y lleva tres días trabajando e intentando hablar conmigo. ¿Les importa? Se les quedaron los ojos como platos. Con un “usted tenía otras entrevistas pero, claro, si usted prefiere…” que se perdían en la habitación Peter Agre se me acercó y me dijo si me apetecía que hablaramos un rato. Tranquilos. Sentados. Y, por supuesto, saqué la grabadora y le dije que sí.

Mentiría como investigador si dijera que no he salido motivado. Cuando voy a un buen concierto no veo el momento de agarrame a un instrumento. De tocar más horas y mejor para poder estar un día ahí arriba. Y me entraron ganas de coger las pipetas. De pensar. De diseñar experimentos. De olvidarme de las becas y de los artículos. De volver a los orígenes. De buscar un poquito en mi interior y escuchar al niño inquieto al que le emociona la ciencia por encima de todas las cosas.

Que Zur Hausen no apareciera no fue lo peor. Conseguí hablar con gente que trabajaba con él y tampoco sirvió para entrevistarlo. Ni decirle que lo haría otro día, por teléfono. Cuando no fuera una molestia o un agobio. Que dijera que no a todo esto me hizo pensar sobre los científicos que no levantan el teléfono a un periodista. Sobre la obligación moral que tienen de levantarlo. Sobre lo poco que vale lo que no se comunica y sobre el desprecio que hacen muchas veces los científicos a la sociedad al ignorar a los que comunican la ciencia.

Al final, hice lo mismo que en este texto. Saltar de la ciencia a su comunicación. Intentar no perder ni la motivación ni el equilibrio. Creo que lo conseguí a ratos. Lo que sí puedo deciros es que mereció la pena y que yo intentaré estar ahí otra vez el año que viene. Lo que no sé es dónde me sentaré la próxima vez, porque todavía no sé qué sitio me siento más cómodo. Porque todavía me siguen gustando los dos sitios.

[Lo mejor del Lindau que podéis ver en Vídeo].

Charla de Christian De Duvé sobre el futuro de la vida.

Charla de Olvier Smithies. Especialmente recomendada para investigadores.

Charla de Peter Agre. El viaje de las aquoporinas al tratamiento de la Malaria.

Mesa redonda sobre Salud Global. IMPRESIONANTE. De obligada visita y reflexión.

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4 Responses to Las dos caras de Lindau.

  1. emeblabla says:

    No me gustan los que van de estrellas en ningún ámbito de la vida, pero estos ejemplos nos sirven para saber que no queremos ser como ellos :).
    Puse el video de De Duve en el tablón de Bioq evolutiva y el profe se puso contento, yo creo que gracias a ti tengo algún puntito más! Y a mi al verlo me dieron más ganas de estudiarlo! 🙂

  2. Roi Villar says:

    la mesa de salud global, la vi por SciAm y pareció brutal. En serio. brutal.

    Yo creo que me estoy dando cuenta que no sirvo para nobel, eso de no pensar a largo plazo creo que no está hecho para mi, gracias por aclararme algo más mi futuro 😛

  3. Pingback: Las dos caras de Lindau

  4. Makö says:

    Salir motivado ante este percal parece un milagro! xD Na, es broma. Seguro que después de esto te diste cuenta de como quieres y como no quieres ser… Cuando seas un Nobel, te acordarás de estos momentos y serás majo con los jóvenes (jijiji). Supongo que, como con todo, no se te tiene que subir a la cabeza!
    Obligación moral de comunicar y enseñar… Lo llevo grabado a fuego y juraría que aún puedo escuchar a la profesora que nos lo dijo… No debemos olvidarlo nunca!

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