Blog de Ciencia y Música

¿Quién se iba a tomar en serio un trabajo pagado así?

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Entrada de #científicosmendigando cortesía de:

Actualmente en: Grupo medGIFT Instituto de Informática de Gestión (Institute Informatique de Géstion). Universidad de Ciencias Aplicadas de Suiza Occidental (Haute École Specialisée de Suisse Occidentale).

Cuando en Octubre de 2009 presenté por fin el Proyecto Fin de Carrera, después de un año y medio de trabajo en él (entre otras cosas), no me podía ni imaginar lo que se me venía encima. “¡Ay qué bien!”, me decía, “ahora podré dejar de ser becario y tener un contrato, aunque sea temporal, y cotizar algo”. Y así se lo hice saber a mis superiores. “Ahora que ya no soy estudiante, no puedo ser becario, no es legal. Podríamos buscar la forma de hacer un contrato en prácticas o similar”. Y mis superiores me pidieron un favor, “danos hasta final de año para buscar una solución, creemos que sí hay una forma”. Bueno, eran sólo tres meses, ¿qué podía pasar? Pasó de todo.

Pasó que alguien más había querido contratarme, con-tra-tar-me, pero mis superiores le dijeron que “no me iban a facilitar irme”, y que ya me ampliarían el contrato por su parte. Yo me enteré de esto por parte de quien me quiso contratar, pero como me gustaba el trabajo que estaba haciendo y me habían dicho que iban a buscar la forma de hacerme un contrato, decidí que bien está lo que bien acaba.

Pasó que ante el contrato que no llegaba, me ofrecieron otro contrato de 10 meses como profesor sustituto a tiempo parcial, que por mi condición de becario alegal era compatible, y que además me posicionaba algo mejor para concursar un puesto temporal por 4 años que podría ser la puerta a una posición indefinida (mediante otro concurso). Además, aunque fuera por 395 euros brutos, algo cotizaría. Me tiré a la piscina de trabajar entre 10 y 12 horas diarias. Y la piscina resultó tener únicamente un palmo de agua, con pirañas.

Pasó que a mis superiores les había sentado mal que me ofrecieran el contrato de profesor en primer lugar, y que lo aceptara en segundo lugar. También pasó que ante la precariedad de ser becario con cargo a un proyecto cuyos términos de duración, presupuesto, y entregables me resultaban totalmente opacos, empecé a buscar otras becas que me pagaran el máster que necesitaba para comenzar el doctorado y que además me permitieran vivir como estudiante oficial de doctorado.

Y entonces empezó 2010. Ya en las vacaciones de navidad, seguí trabajando mis ocho horas diarias (además de preparar el examen que iba a poner en el parcial), porque como me habían dicho mis superiores en el verano de 2009: “los becarios no tenéis vacaciones”. Suerte que los profesores sí. Y me reincorporé en enero, y seguí trabajando mis ocho horas como investigador y otras cuantas horas como profesor, atendiendo tutorías y/o preparando el examen. Y un día 20 de enero, tuve una conversación con mis superiores. No sólo no me hicieron el contrato que “habíamos acordado” sino que  me comentaron que el puesto como profesor me absorbía mucho, que siendo también docentes, sabían de lo que hablaban, así que tendrían que pasarme a tiempo parcial. Una idea cruzó mi mente: eso implicaría cobrar 1095 euros brutos. Del sueldo oficial como profesor me estaban reteniendo el 2%, pero del resto me estaban reteniendo el 12%. Sencillamente no podría seguir pagando el alquiler, las facturas y además comer, no podría seguir trabajando allí, tendría que buscar una salida de inmediato. Entonces me preguntaron, literalmente: “¿te parece bien 6 horas al día?”. ¡Qué alivio! ¡Eso me daba margen! Acepté y seguí trabajando 6 horas al día desde entonces. Al final me pagaron el mes completo como si hubiese trabajado 6 horas (y febrero me lo pagarían a 4, porque lo de 6 había sido un malentendido), pero bueno. No me iba a quedar mucho tiempo así.

Pasó que harto de la extrema inestabilidad que supone que a 10 días de finalizar el mes te bajen el 25% del sueldo, en febrero hablé con quien una vez me quiso contratar. Y me ofreció otro contrato, en otro proyecto relacionado con mi experiencia previa, por dos años. Empezaríamos oficialmente en junio. Y hablé con mis superiores una vez más. Les dije que la situación era insostenible y que me habían ofrecido otra cosa. Me dijeron que menos mal que había encontrado otra cosa, porque el dinero de mi proyecto se estaba acabando y estaban en un estado terrible de preocupación por mi futuro. Que al irme yo voluntariamente, el dinero que quedase de mi proyecto serviría para afianzar la posición del resto de mis colegas, que podrían seguir cobrando algo más de tiempo, porque literalmente, yo “me estaba comiendo el dinero de otro”. En marzo hicimos el traspaso de jefes, y empecé a prepararme para el siguiente proyecto. Y seguí con mis clases.

En abril, llegó una buena noticia. La relación que había estado manteniendo durante 5 años se iba a convertir en matrimonio. Abran paso, que me caso. Decidimos supeditar la elección de fecha e inicio de los trámites a la firma del contrato en junio. Pero aún así la ilusión nos pudo, y empezamos a ver cómo y dónde nos podríamos casar, empezamos a barajar la lista de posibles invitados, y a hacer planes de futuro juntos.

Y llegó mayo y con él, llegaron dos malas noticias. El mismo día. Por la mañana me llegó un correo con una circular del rector de la universidad. A pesar de que en el departamento donde trabajaba había una clamorosa falta de personal (según los cálculos del director del departamento, hacían falta 6 nuevos profesores ayudantes), la crisis había cortado el grifo de la financiación pública y no sacarían plazas estables en ningún caso, sino que se optaría por sustituciones excepcionales como la que yo ejercía en ese momento. Es decir, se cambiaban cada una o dos plazas de 1400 euros brutos al mes durante 4 años, por una única plaza de 400 o 600 euros al mes durante un año. El ahorro sería brutal. La calidad de la docencia, por mucho que yo me estuviera esforzando en mi primer año, quedaría en entredicho… ¿quién se iba a tomar en serio un trabajo pagado así? Durante la comida estuvimos comentando lo difícil que se estaba poniendo la cosa, y peor que se iba a poner: la segunda noticia del día vino después de comer. La empresa que financiaba el proyecto en el que iba a empezar a trabajar en junio, cancelaba la propuesta. La crisis no les dejaba margen para invertir en I+D… con contratos. Sí me ofrecían una beca de 11 meses, mil euros justos no negociables. Y un proyecto alejado de mi experiencia previa, en un sector que en gran parte se financiaba de inversión pública. No lo vi nada claro y empecé a buscar por otros sitios.

En España hay muy poco trabajo en el tratamiento digital de imágenes. El que hay, está principalmente en empresas de Madrid o Barcelona, o en Universidades. En las universidades la cosa estaba muy achuchada, y sólo las grandes podrían ofrecer algo interesante. De nuevo, Madrid o Barcelona. A pagar una burrada de alquiler. Y pensé que si iba a pagar una burrada de alquiler, más me valía tener un sueldo que fuera algo más digno en comparación. Así que empecé a buscar trabajo en Europa. Y lo encontré en Suiza.

Desde entonces, lo que ha pasado ha sido que me  he gastado todos mis ahorros en vivir en España hasta septiembre, y un mes en Suiza hasta octubre, pagando alquiler sin tener salario desde mayo. He pedido dinero prestado a mi familia para la mudanza a Suiza, y para la fianza del piso. He estado tres meses viviendo solo, hasta que mi novio ha podido venir a vivir conmigo. La boda, que cancelamos en un primer momento, volvió a plantearse para 2011, y así asegurarnos de que mi novio tendrá permiso de residencia incluso aunque no encuentre trabajo. Aunque somos optimistas, parece que puede encontrar algo aquí.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

comentarios

  • Ánimo Antonio! Tu historia se asemeja a la mía, cansa estar dando vueltas sin tener nada asentado. Me alegra leer que por lo menos fuera de España se valora a los /las investigadores/as,…aquí parece que se han olvidado de que son el futuro. Yo también me planteo irme al extranjero, no se me ocurre otra cosa después de ver cómo estamos aquí, pertenezco a la rama de Educación y casi estoy finalizando el máster que me dará paso al doctorado…pero ni así.
    En fin, que todo vaya bien!

  • Animo Antonio, y buena suerte. Yo con 54 años me planteo también emigrar de este país de ladrones.
    Se han jugado nuestro presente, y nuestro Futuro.
    Políticos, jueces, y financieros corruptos a la carcel,YA ¡
    Rebelión ¡

  • pues saludos de un colega (español, emigrado a Suiza y dedicado al tratamiento de imágenes). Animo… aqui tampoco atan a los perros con longanizas, pero desde luego esto es otro rollo: de preocuparte solo de investigar a preocuparte de investigar Y de sobrevivir medio dignamente va un mundo.

  • Es la valoración de la formación y la preparación: amplíese a todas las empresas privadas, públicas, fundaciones y demás organismos que haya en España. Y, si ponen, «I+D», aún es más clamorosa la falta de valoración por la formación.
    Y eso cuenta tanto para investigadores como para recepcionistas a las que se exige idiomas pero que luego no se les paga conforme a ello.

  • No sé, me parece un poco raro que trabajases tanto y que dedicases tantísimo tiempo a preparar un examen parcial.

    La forma de acceder a una plaza fija en la universidad es ir haciendo carrera como tú la empezaste: una beca o un contrato en un proyecto y hacer a lavez el PFC (te pagan mientras lo haces, que no está mal del todo), un contrato de asociado a tiempo parcial… sucede que estamos en una época muy jodida económicamente y es normal que se recorten plazas de 4 años (supongo que sería una ayudantía). Los ayudantes tienen muy poca docencia (6 créditos, creo, que son 2 horas semanales) y tienen un sueldo alto. La universidad tiene que compaginar docencia e investigación, y la docencia es fundamental garantizarla con los recursos que hay: sale mucho más barato un asociado a tiempo parcial que un ayudante y, además, el tiempo parcial tiene más carga docente. Por eso tu situación no es una excepción. Que ojalá pudiese funcionar de otra manera: pues sí. Pero en fin, ya irá mejorando la cosa.

  • Gente complaciente como afterBeatles (que por cierto los Beatles fueron gente muy luchadora, pero claro, él es «after») es la verdadera lacra de España; que tenemos una clase política impresentable que ha arruinado nuestro país se resuelve luchando; que tengamos gente sin sensibilidad social como afterBeatles es el verdadero problema.

  • Al revés, Mireya. Quizá no me he explicado bien. Es más, seguro que no lo he hecho, al decir que gente como yo es la verdadera lacra de España. Jeje, nunca me habían llamado eso.
    Échale un vistazo a mi blog, anda, que creo que me has entendido bastante mal.

  • Ánimo Antonio, espero que en Suiza tu situación se vaya normalizando, por estos lares hay muchas muchísimas historias para no dormir.
    Lo de cómo están capeando las universidades el temporal es terrorífico, por la gran cantidad de horas y asignaturas que sacan adelante predoctorales que le roban tiempo a su tesis e incluso imparten docencia sin que se les reconozca en periodo de beca, asociados que malviven con 500 euros al mes por dos asignaturas y comiéndoselo en desplazamientos, etc. etc. etc. La calidad no se resiente más porque muchos de los que están en situaciones tan precarias a pesar de todo le echan ganas, como era tu caso. Y lo malo es que da la impresión de que el panorama va a ir a peor, y nos tendremos que buscar la vida lejos de la universidad, y seguramente lejos de aquí.
    En fin, ánimo a todos los precarios y sobre todo, no os resignéis a ser eso, precarios. No nos lo merecemos, y si hay que ir al fin del mundo o remover cielo y tierra para que nos traten con dignidad y respeto, las castañas nos buscaremos…

  • Qué curioso que sea precisamente Suiza la que le solucione la papeleta a Antonio, uno de los estados que por su idiosincrasia fomentan la especulación financiera (viven de ello) y por lo tanto responsable directo de la crisis que vivimos.
    Por otro lado, aparte de parecerme muy mal que la cosa esté así, me veo obligado a resaltar la falta de autocrítica. En la empresa de mis jefes, cuando se acerca el verano, se dejan caer un grupo de becarios (sin remuneración) para completar su formación. Esto sucede todos los años y todos los años se da la misma situación. Cuando llegan fechas señaladas en las que habría que contratar refuerzos para sacar toda la producción a alguien se le ocurre tirar de los becarios para cubrir estos puestos, pero cual es la sorpresa, que efectivamente es sin cobrar un duro, y no hablamos de hacer fotocopias. Pero cual es mi sorpresa, que año tras año, los becarios aceptan. Y no pasa año sin que les avisemos que se tiran piedras contra su propio tejado si aceptan esas situaciones. Pues incluso siendo avisados aceptan.
    No puedo más que pensar que por un lado están los políticos haciendo recortes por el bien común (del sector financiero) y por otro nosotros que tiramos piedras a nuestro propio tejado.
    Es muy fácil echar las culpas hacia fuera sin mirar dentro. Y así nos va. Por un lado se quedan el talento los que directamente han creado la situación de crisis y por otro nos tiramos piedras a nuestro propio tejado.

  • @afterBeatles. Mi sustitución no era a un ayudante, sino que entre otro compañero sustituto y yo nos cargábamos unos 40 créditos. Era la primera vez que dábamos clase, y aunque sólo te paguen las horas que dedicas a dar clase, hay que prepararlas. Quizá le dediqué mucho tiempo, puede ser. Por otro lado, considero que el trabajo estaba muy bien pagado hasta que terminé el PFC. A partir de ahí, la negativa a hacerme un contrato, el engaño constante, el cambio de condiciones fue lo que me acabó quemando. Y por eso me fui. Por otro lado que «la forma de hacer carrera en la universidad» sea la que es, no implica que esté bien. De todas formas, lo realmente molesto es que nunca te contraten, que nunca sepas cuándo vas a cobrar, o que no tengas los mismos derechos que otros compañeros aunque trabajes igual. Porque empiezas como becario haciendo poco, y van dandote más responsabilidad sin mejorar tus condiciones.

    @microbioidoamas claro que hago autocrítica. Acepté esas condiciones de forma voluntaria. Nadie vino a casa de mis padres a decirme: trabaja aquí. Evidentemente la culpa de aceptar esas condiciones es mía. Y no es que yo estuviese loco, es que hay que mirar el contexto. Así, quizá se comprenda mejor mi mala decisión: acordamos verbalmente que había trabajo para cinco años, que las condiciones se mantendrían, y en esa situación adquirí compromisos como irme a vivir con mi pareja. Cuando él se quedó en paro, yo era el único responsable de pagar el alquiler. Acepté esas condiciones porque me permitían pagarlo, porque estaba esperando que me hicieran el contrato que no llegaba, o que me dieran una beca que me aportara estabilidad. Cuando nada de esto pasó, rechacé seguir trabajando así y me busqué otro trabajo.

  • Vaya chapa que sueltas, colega, esto es un laberinto. Búscate trabajo de encofrador, con las horas sacarás milqui con la gorra.

  • Y lo bien que estás tú ahora allí, eh?

    Aprovecha, aprende, disfruta y luego vuelve al Sur. Yo todavía no me he cansado.

    (ayer volví a pasar por tu ex-casa)

    Un abrazo bien gordo

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.