Blog de Ciencia y Música

Un sistema para reconocerlos a todos

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Es bastante difícil de imaginar que, en gran parte, estemos preparados para luchar contra todas las enfermedades existentes, conocidas o desconocidas. Por nuestra linfa y venas circulan millones de células del sistema inmunológico, capaces de reconocer cualquier patógeno existente, aunque nunca hayamos estado en contacto con él.

Suena a ciencia ficción pero no lo es. Los linfocitos son dichas células encargadas para reconocer todo lo extraño, y los tenemos para reconocer prácticamente todo. Tenemos linfocitos que reconocerían específicamente, sin haber tenido contacto previo, pedazos del virus del sida, del plasmodium que causa la malaria o del virus de la polio, por poner unos ejemplos.

Los linfocitos tienen un sistema para reconocer pequeños fragmentos de proteínas, un receptor que es único para cada linfocito. Sería como la llave para una cerradura; en principio, único.

Nuestro sistema inmunológico ha evolucionado de forma que se prepara de antemano para cualquier infección, generando llaves al azar. Porque millones de llaves al azar deberían cubrir todas las puertas. El único problema de generarlas al azar es que habría llaves que abrirían nuestras propias puertas, linfocitos que reconocerían nuestras propias proteínas, y no queremos células que combatan a su propio organismo.

Ese pequeño error se solventó en algún punto de la evolución cuando después de generar todo el repertorio de linfocitos, en nuestro organismo se evalúa su avidez por reconocer proteínas propias cuando aun son soldados inmaduros. Si la prueba sale negativa el linfocito puede marcharse y viajar por todo el organismo. Si, al contrario, reconoce algo propio lo suficiente como para destruirlo, se elimina la célula, para evitar males mayores.

Otra cosa es que tener un ejército de únicos-reconocedores-para-todo-lo-extraño sea suficiente para combatir el ataque que representa una primera infección. Pero este punto de la batalla, en si mismo, ya es otra historia.

Sobre el autor

Lucas Sánchez

comentarios

  • HOla, he llegado a tu blog de casualidad.. Mi rama son las ciencias sociales, muchas cosas que cuentas me vienen lejanas, pero consigues que las sienta cerca. Un fuerte saludo, un gran placer para mí leerte.

  • […] B que corren por las venas y linfa de mi hijo, que son específicos para una parte de un patógeno. Que mi hijo ya los tiene y que lo único que necesita es prepararlos para una futura batalla. Que para ganarla necesita que la calidad y la cantidad de esos linfocitos sea suficiente. Y ojo, […]

  • Es interesante como nuestro sistema inmunitario puede generar celulas inmunitarias capacitadas para reconocer elementos extraños incluso aquellos que sólo pueden encontrarse fuera de nuestro planeta.
    Igual de sorprendente es la memoria que estas celulas pueden llegar a mantener para futuras batallas.

    Un gran post y excelente blog! Me encanta, saludos 😀

  • […] B que corren por las venas y linfa de mi hijo, que son específicos para una parte de un patógeno. Que mi hijo ya los tiene y que lo único que necesita es prepararlos para una futura batalla. Que para ganarla necesita que la calidad y la cantidad de esos linfocitos sea suficiente. Y ojo, […]

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Lucas Sánchez (1983)

Nací en Valencia y estudié Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigué durante casi 10 años en el Centro Nacional de Biotecnología en el diseño de vacunas para enfermedades prevalentes en el tercer mundo. Durante todos aquellos años tonteé todo lo que pude con el periodismo y la divulgación científica, escribiendo para Público, Materia, Naukas y más recientemente para El País y Radio Nacional de España. Finalmente decidí montar mi propia agencia de comunicación científica: Scienseed.

Fuera del ámbito científico fui guitarrista de los Leftover Lights, banda con la que edité dos discos de estudio “Turning the lights on” (2012) y “Universe” (2014). He escrito una novela que se llama “Impostores” (2012) y, desde entonces, siempre está a puntito de salir la segunda.