Terapia del Futuro, basada en el Pasado…

Mucho antes de que la respuesta inmune adaptativa ganara complejidad, especificidad y memoria, una respuesta innata primitiva combatía los microbios de una forma rápida, inespecífica y redundante. Con 2,6 billones de años a sus espaldas (día arriba, día abajo) su funcionamiento sigue en riguroso vigor, pero sus nuevos y prometedores usos están de rabiosa actualidad.

Y es que en biología echar un vistazo atrás no está necesariamente reñido con avanzar. La naturaleza nos ha enseñado una y mil veces que sabe lo que se hace y muchas veces es inevitable rendirse a admirar cómo solventó la papeleta en el pasado, para conseguir desarrollar herramientas para el futuro.

No hay más que fijarse en los seres vivos que carecen de sistema inmune adaptativo, como los insectos. ¿cómo puede una mosca defenderse de bacterias, hongos y virus? La respuesta está en unos pequeños péptidos que forman parte de su respuesta innata y que acechan en las barreras del organismo, preparadas para eliminar toda forma de vida que intente penetrar.

Estos péptidos se conocen como péptidos antibióticos o péptidos antimicrobianos y son proteínas cortas (de 12 a 50 aminoácidos generalmente) ricas en residuos hidrofóbicos que pueden llegar a representar el 50% de la mini-proteína. Adquieren distintos plegamientos, pero normalmente son alfa-hélices anfipáticas o láminas beta, con formación de puentes disulfuro.

El primero en describirlas en detalle fue Hirsch, quien las purificó de gránulos fagocíticos presentes en células de nuestro sistema inmune. Estos péptidos se unían con gran afinidad a membranas de patógenos y formaban grandes poros, matando a los microorganismos.

En una época en la que vemos cómo proliferan organismos resistentes a múltiples de los antibióticos existentes, éste era un campo demasiado atractivo para no llamar la atención de la comunidad científica.

Pronto se expandió y Hans Boman, Michael Zasloff y Robert Lehrer aislaron independientemente estos péptidos en insectos, anfibios y mamíferos. Se bautizaron con nombres distintos en cada caso y así tenemos cecropinas en insectos, magaininas en anfibios y defensinas en mamíferos.

Hoy más de 800 se han descrito o predicho a partir de los organismos con genomas conocidos, y como no podían faltar, también están presentes en plantas.

Ahora contamos con un gran arsenal, algunos que son muy efectivos contra bacterias gram positivas, otros frente a gram negativas, hongos, virus, y por supuesto muchos que están por estudiar.

Gracias a estos descubrimientos actualmente por ingeniería genética se modifican para ganar en espectro de acción. Por ejemplo, si tenemos un péptido que funciona muy bien contra gram-, y otro que sabemos que lo hace en gram+ los fusionamos, formando un único péptido algo más grande, pero con mayor espectro de acción sin perder eficacia.

El único problema es no poderlos sintetizar en bacterias (lógico, puesto que las mata) y la síntesis de péptidos no es especialmente barata. Aún así puesto que han demostrado tener capacidad para matar microorganismos multirresistentes a fármacos, es un campo que está en plena ebullición y no me extrañaría en absoluto ver pronto alguno en las farmacias.

Es la nueva generación de antibióticos…

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