La biología sintética como herramienta de cambio

Hace unos días os presentaba oficialmente la empresa a la que le pienso dedicar mi futuro. Pues bien, uno de nuestros intereses en Scienseed es ayudar a los laboratorios a dar a conocer sus investigaciones al resto de la comunidad científica y a la sociedad.

Empezamos fuerte con el laboratorio de Víctor de Lorenzo, en el Centro Nacional de Biotecnología, donde hemos rodado el siguiente vídeo de su trabajo utilizando Biología Sintética para la bioremediación de zonas contaminadas.

[Para los interesados, este vídeo surgió de unos 10 artículos científicos. A partir de ahí nos encargamos de hacer el guión, las entrevistas, el rodaje, montaje, la banda sonora a medida, locuciones, traducciones y subtítulos].

 

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Scienseed

Siempre que vengo al blog con novedades personales me doy cuenta que me resulta difícil explicarlas. Quizás es por no compartir las primeras preguntas y las inquietudes que me me mueven a hacer cosas y presentar directamente a la criatura final.

Hoy quizás sea más fácil deciros que he montado una empresa con un compañero y que se llama Scienseed. Más que nada porque está relacionada con casi todo lo que he ido haciendo estos años de divulgación y comunicación científica.

Scienseed pretende ser un nexo de unión entre los laboratorios y la sociedad. Y pretende ser un nexo creativo, interesante, riguroso y efectivo en todo tipo de formato con millones de proyectos diversos que ahora mismo están en carpetillas esperando financiación.

Ya os iré mostrando nuestros proyectos e iré compartiendo también con vosotros mis inquietudes. Y tampoco me dejaré fuera las frustraciones, que tal y como está el mundo enterpreneur en este país, para un par de chicos de ciencias, es un rompecabezas, quitasueños y creapesadillas de mucho cuidado.

Y aunque empezaremos despacito, aquí tenéis las distintas cuentas de Scienseed para que podáis seguir esta aventura.

Twitter, Facebook, Youtube, Vimeo.

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¿Por qué no hay una vacuna del ébola?

Para todos los que preguntaban por qué no tenemos una vacuna todavía, hoy, 14 de octubre se publica mi primera colaboración en Materia, desde que Materia está en El País.

El artículo sale en la edición de hoy en papel, pero también lo podéis leer AQUÍ.

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Amén, Hermano.

La noche del 11 de Marzo de 1970, Aretha Franklin, Johnny Mitchell y Johnny Cash maquillaron sonrisas y lucieron galas para recibir un premio Grammy que grabaría sus nombres a fuego en el inconsciente colectivo. Esa noche West Mongomery estaba a punto de recibir el premio a mejor tema de Jazz y Simon & Garkfunkel recibirían el premio al mejor disco.

Imagínense sus rostros, en una cuerda floja demasiado floja,  hartos de disimular nervios y de controlar egos, divididos por el miedo a la caída y la euforia por la sabida entrega incondicional de miles de fans. Pero, aunque les suenen sus nombres, aunque les suene la intensidad del momento y de los aplausos, ellos no son ni de lejos los protagonistas de la historia de hoy.

Sentado en el mismo sitio que los que serían leyenda, Richard L Spencer, cantante de una formación famosa por una canción sentida hacia un padre de adopción, subiría a recoger el galardón a mejor tema de Rhythm & Blues. Y era bien merecido, ya que Color Him Father había demostrado su poderío vendiendo numerosas copias del álbum el año anterior. Pero claro, a diferencia de los anteriores, ustedes no conocen a Richard L Spencer porque, cuando subió a recibir el premio, su banda, The Winstons, ya era cenizas del pasado. Solo era humo. Carne de entrada de una sola línea de Wikipedia o de canción especial de una pareja a la que les pilló su momento especial escuchando Color Him Father por accidente. Pero no se preocupen porque Spencer, como Franklin, Mitchell y Cash, como Mongomery y Garkfunkel, es únicamente un personaje de referencia en esta historia.

¿Qué tienen en común la sintonía de Futurama, Mindfields de The Prodigy o Eyeless de Slipknot? Siga leyendo.

Jester Joseph Hairston tampoco es el protagonista, pero tiene parte de la culpa de todo esto. Jester Joseph Hairston era un compositor americano que compuso varias canciones famosas, entre ellas un villancico llamado Mary´s Boy Child que popularizó Boney M., y Amen, una canción que cantaría Sidney Poitier rodeado de monjas deseosas de aprender inglés –con acento– en la película de Ralph Nelson, Lilies of the Field. Amen es la clave porque The Winstons pensaron que una versión upbeat sería perfecta para la cara B del Color Him Father.

Y en esa versión llamada “Amen, Brother”, en el mismísimo 1:26 es donde a Gregory C. Coleman, el verdadero protagonista de nuestra historia, se le subió el jungle a la cabeza e hizo un solo de batería de 6 segundos que pasaría a la historia. Un solo de batería que tiene nombre propio: The Amen Break. Un solo de batería del que, si lo buscas en internet, google te devuelve más de 300.000 resultados.

Y sí, ese solo es el que tienen en común las canciones anteriores. Y también la sintonía de las Supernenas, el mítico rap Informer de Snow o Do Y´Know What I mean de Oasis.

Los breakbeats Lenny Roberts y Lou Flores tuvieron la culpa. De los 300.000 resultados en Google, me refiero. Lenny Roberts, Lou Flores y “Fat” Stanley Platzer. Pero eso fue por lo menos unos diez años más tarde del paseo glorioso de Spencer por los Grammy. Porque los ochenta, entre otras cosas, fueron la época en el que los Dj´s pasaron de lucidos accesorios a individuos completamente necesarios. Y los Dj´s necesitaban algo que poner a dar vueltas en loops infinitos que hicieran juego con las mejores ocurrencias de los raperos que inundaban las calles en Chicago. Y ahí vieron el negocio los señores Lenny, Lou y el gordo de Platzer. Entonces empezaron a vender breaks de batería en loops en forma de discos con un dibujo de un pulpo en su portada. Con el tiempo y el éxito pasaron de esos precarios Oktopus Break Series a Ultimate Break & Beats; una colección de discos de éxito y popularidad difíciles de igualar. Y en el primero, con el solo bajado de tempo para dejar bien claro que todo aquél que quisiera hacer rap tenía que pasar por el Amen Break, estaba “Amen, Brother” de The Winstons. No pasó ni un año y ya se convirtió en la base del primer éxito que se enredó en él, I Desire de Salt´N Pepa.

Pero también lo puedes escuchar en Little Monster de David Bowie, Common Reactor de Silversun Pickups, How Can you Luv Me de Unmortal Orchestra.

El Dj Frankie Jones fue el que, calentito y traído bajo el brazo, introdujo el Amen Break en la movida noventera de las raves inglesas. Y todo se llenó de Dub-Plays. Porque la escena necesitaba música rápida de hacer y de pinchar. De tu sampler a la rave de por la noche. Creación de corta y pega con originales resultados inmediatos.

Y es que en esas fiestas el objetivo no era necesariamente crear, el objetivo era que nadie se parara en toda la jodida noche. De ahí a meter samplers en canciones de nueva composición había un trecho, un paso que se dio como cualquier paso de baile en cualquiera de aquellas sudorosas noches. Las canciones se construyeron encima y debajo de samples. Se ralentizaron o se aceleraron. Y luego se añadió el punto de cada artista. Y ahí estaba el Amen Break, sumergiéndose cada vez más profundamente en la historia de la música moderna.

El Amen Break pasó del Hip-Hop al Acid House, del Acid House al BreakBeat Hardcore, del BreakBeat Hardcore al Jungle y del Jungle al algo más relajado como el Drum & Bass. De seguido. Con cada golpe en el mismo sitio. Sin despeinarse. Y de igual manera ha llegado a nuestras fechas y se ha colado en You Know I’m No Good de Amy Whinehouse, Sehnsucht de Rammstein o The Perfect Drug de Nine Inch Nails.

Pero ¿Por qué esa obsesión con el Amen Break? ¿Qué tienen esos 5,2 segundos que no tenga cualquier otro ritmo de batería? El matemático Michael S. Schneider se empeñó en venderlo en su libro A Beginner’s Guide to Constructing the Universe: Mathematical Archetypes of Nature, Art, and Science como la onda de sonido que contiene el famosísimo Golden Ratio, la proporción Áurea que marca estándares de belleza en otras múltiples áreas y que tan bien saben identificar los artistas. Pero el capítulo que trata el tema ha sido ampliamente criticado por ser numerología barata. Si no lean The Golden Ratio: The Story of Phi, the Most Astonishing Number, que también dedica un capítulo a criticar los malos usos que se le dan a dicho número.

Aun así, con ciencia o sin ella el Amen Break ha arrasado en ventas. Ha hecho triunfar por doquier a cientos de artistas. Debido a los tiempos que corren se preguntarán qué ocurrió con los derechos de autor de una de las obras más usadas en la música contemporánea. Pues bien, ni el señor Coleman ni nadie de los Winstons se han forrado a su costa. Ni se han forrado ni han recibido un céntimo por ello. Cuando empezó a popularizarse la canción el grupo ya no existía y Spencer, que dejó la música y se sacó Ciencias Políticas le importó entre nada y menos. Eso sí, le sorprendió cuando le llamó un productor 30 años después queriendo comprarle los derechos. Entonces es cuando se enteró de todo lo aquí escrito.

Jester Hairston murió en el año 2000 con 99 años y Gregory C. Coleman murió en 1996 en Atlanta, Georgia, en la más absurda de las miserias. No vamos a meternos a discutir sobre derechos de autor, pero resulta difícil de encajar que el Amen Break, que ha generado millones de pasos de baile, gotas de sudor y billetes de un dólar, dejara a su autor morir en la indigencia.

En su memoria, pueden visitar la AmenBreakDatabase y subir los temas que en los que ustedes reconozcan los 5,2 segundos más repetidos de la historia. Comprarse una camiseta molona con el amen break hecho onda o intentar escucharse todo lo que les suene que tenía de fondo el tumtumpatucutucupá que rezuma esta entrada.

Pero sobretodo, cada vez que lo descubran en un tema nuevo, cada vez que lo escuchen en sus casas, cada vez que lo reconozcan en un bar, yo les animaría a que levanten sus copas y digan con orgullo: ¡Amén, hermano!

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Naukas 2014, la cuenta atrás.

Empieza a existir una tradición que consiste en ir a Bilbao el último fin de semana de Septiembre. Y es que en esa fecha la Cátedra de Cultura Científica de la UPV nos reúne a un montón de colaboradores de Naukas para que durante un fin de semana, la ciencia se acerque a la sociedad, de la forma más divertida posible.

Para mí este año es doblemente especial, ya que me toca dar charla y concierto, ya que los Leftover Lights vamos a dar dos conciertos (si, DOS) para que la fiesta no pare y para darle un toque distinto este año.

Os dejo con el cartel y el http://naukas.com/2014/09/12/programa-definitivo-naukas-bilbao-2014/. Yo no me lo perdería por nada del mundo. ¡Nos vemos en Bilbao!

 

 

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País de Ébola y Pandereta

Desde hace muchos años hay dos factores de virulencia que los virus no guardan escondidos entre sus genes: los aviones y la estupidez humana.  

De las dos cosas, parece, nos sobra en España. Y parece que también dinero. Y tenemos tanto de las tres cosas como para cerrar toda una planta de un hospital no preparado del todo y fletar un avión para traer a un señor (que roza el límite-de-edad-permitido-en-esta-vida) contaminado con uno de los virus más peligrosos del planeta. Que esto es España, joder. Aquí en política no se piensa, se actúa. 

Si se quería ejemplarizar la diferencia entre el Primer y Tercer Mundo bastaba con dejarse gran cantidad de dinero -que sorprendentemente y de golpe parece que tenemos- en fletar un avión y llevarle a ese señor todas las comodidades y paliativos del planeta y separarlo del resto de tercermundistas por los que no vamos a mover ni un dedo. Que ojo, no es que se le traiga a un quirófano espectacular ultranecesario para el tipo de operación que requiere su enfermedad, lo traemos para darle los mismos paliativos. Pero mejor aquí, porque si no, no gastábamos estupidez humana, que es la verdadera Marca España. Y la devoción, que todos sabemos que el hecho de que sea cura es la mitad de la historia.

Teníamos que traerlo a España porque si lo han hecho los americanos podemos hacerlo nosotros. Que sí, que ellos tienen hospitales de barrera –hasta nivel 4, lo que se necesita- y expertos internacionales en este tipo de brotes, pero nosotros también tenemos hospitales, que sí, que los hemos desmantelado con la excusa de la crisis pero no es nada que no se pueda apañar en un día. Que somos el país de la ñapa rápida y a correr.

Soy virólogo y sé de sobra que en temas sensibles no se puede alarmar a la población así como así. Sé de sobra que se van a extremar las precauciones y que el Ébola no es un ejemplo de virus altamente transmisible. Pero por todo esto también sé de sobra que es una auténtica temeridad poner en riesgo la salud de muchas personas trayendo una enfermedad como esta por salvar la vida de una única persona. Que existe una cosa que se llama ERROR HUMANO, y que lo mejor para no contar con ello es no tener la posibilidad. Y que los niveles de contención biológica están para que sobren, no para que falten o para llegar justitos.

Durante años he trabajado en bioseguridad y todos sabemos que se cometen errores constantemente. Y nos pinchamos, y se nos vierten cosas y hay más accidentes de los que nos gustaría. Esperemos que no sea el caso; que no pase nada. Que se quede en una mera anécdota o en un guión para los Monty Python.

Que se quede en el recuerdo de la vez que demostramos, por enésima vez al mundo, que en este país no hay nadie al volante.

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Volviendo al mecenazgo

Me prometí a mi mismo que no volvería a hacer un crowdfunding.

Parece una tontería, pero uno se deja el corazón ya de primeras en las cosas que hace para dejárselo por segunda vez cuando quiere venderlas. Porque en estos casos, además, venderlas no es para sacar beneficio económico, venderlas es para conseguir hacerlas posibles. Y también, porque parece inofensiva, pero la barrita del crowdfunding son de esas pequeñas cosas que te persiguen en pesadillas por las noches.

Me lo prometí a mi mismo pero he vuelto porque en el proyecto que os presento no estoy yo solo. En los Leftover Lights somos cinco. Hará un par de años, sacamos este disco. Nos costó horrores y no salió como queríamos, pero con él no ha ido mal la cosa. No hemos parado de tocar y nos siguen llamando de salas y algún que otro festival, así que hay que seguir apostando por el proyecto.

Si os hablo de esto hoy aquí es porque la cosa está muy complicada ahí fuera y los conciertos apenas dan para grabarse un disco. Un crowdfunding, a día de hoy, es la única forma que tenemos de  costearnos el segundo disco; así lo vendemos por anticipado y podemos hacer de todas las canciones que estamos seleccionando un precioso disco lleno de rock.

Tenéis mucha más información en el proyecto de Verkami.

Espero que os interese. Si estáis indecisos, este Sábado 7 de Junio tocamos en El Perro de la Parte de Atrás del Coche y tocaremos varios temas del nuevo disco.

¡Un saludo por parte del resto de los Leftover Lights!

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Tripas

       ¿Tú sabes qué hacía Mathew McConaughey antes de Mud, Dallas Buyers Club, o True Detective? Es la pregunta que le hago a mi compañero mientras que los ratones dejan su último aliento en la cabina de CO2. Por lo visto hacía comedias románticas, me contesta mientras cierra el paso de gas, y es algo que no nos explicamos mientras esperamos unos segundos para asegurarnos de que los animales estén bien muertos. Comedias románticas, con el actorazo que es el tío. Y seguimos esperando porque no queremos correr el riesgo de que puedan sufrir al abrirlos y, por otro lado, porque que un animal se despierte mientras que lo abres puede ser lo más desagradable que veas por mucho tiempo.

        Mientras tanto metemos en la cabina las bandejas de corcho donde los vamos a clavar para la disección. Lo hemos hecho tantas veces que si silenciaran nuestra conversación sobre McConaughey y pusieran música que pegara parecería una coreografía. O una escena de esas llenas de planos perfectos de Breaking Bad. Él saca los animales de las celdas, yo abro la cabina de bioseguridad; él los introduce en la cámara de CO2, yo meto las bandejas; él saca el instrumental y voy abriendo las jeringuillas para sacar sangre. Los tubos en los que meter los órganos llevan preparados desde el día anterior ordenados en gradillas de varios colores en función de los virus que les hemos pinchado a los ratones. La danza perfecta llena de planos perfectos de Breaking Bad y los tubos perfectamente rotulados es para no perder ni un segundo; porque nadie quiere estar un segundo de más en el área de inoculados de un animalario.

          Resulta que me entero que la quinta temporada de Game of Thrones se va a rodar en Andalucía mientras que termino de clavar la cuarta aguja que sujeta a mi primer animal al corcho, estiradito, como crucificado, tenso para que todo se saque sin problemas. En Andalucía, fíjate tú. Hago hueco en el corcho porque a veces tenemos que poner dos o tres en el mismo corcho y sacarles sangre a la vez. Y parecen Jesucristo y los otros dos ladrones. Y nos reímos del chiste y solo del chiste.

          Lo normal en ese momento es pellizcar con unas pinzas el pecho del animal y quitar con unas tijeras un pellizco de piel para poder ver mejor las costillas. Entonces cuentas una, dos y tres costillas y metes un milímetro la aguja de una jeringa de 1ml. Y tiras para arriba el émbolo y la llenas de sangre. Mientras sube la sangre –que siempre parece más oscura de lo que esperas- me entero de que por lo visto ahora la serie se está empezando a alejar del contenido de los libros. Que lo están echando todo a perder. Era algo que se podía ver venir, le digo a mi compañero. Y los dos le quitamos la aguja a las jeringas y pasamos la sangre a un tubo.

         Mi compañero me vuelve a insistir en que los libros están mucho mejor que la serie, que es en serio y que los disfrutaría mucho, mientras clavo las tijeras en el abdomen del animal y sigo hasta las costillas. Luego ahueco la piel de la cavidad peritoneal y le clavo un par de agujas para que se tense toda esa piel recién separada, mientras que le digo que sí, que más gente me ha aconsejado lo mismo, pero que no tengo tiempo.

          Ahora lo primero es quitar los ganglios inguinales y luego los lumbares, y mira este animal, ¡vaya pedazo de ganglios! Por un momento nos perdemos en comparaciones con experimentos anteriores, y sí, esta vez o están más grandes que nunca o es que ya somos unos fieras apartando lo que es ganglio de lo que es grasa.

      Le digo que Hannibal no me está gustando mientras recorto costilla a costilla la membrana que no me deja quitar el hígado agusto. Que me parece demasiado  desagradable,  mientras le corto el corazón por la base de las arterias, y que no le llega a la suela de los zapatos a True Detective y limpio la sangre restante para que no salpique. Mi compañero dice que solo he visto dos capítulos, que está muy bien, que le dé algo más de tiempo. Él va más rápido que yo y ya ha desclavado a su animal, le ha dado la vuelta y le está quitando la piel de la cabeza con las tijeras. Me doy algo más de prisa y recuerdo en voz alta con él la primera vez que nos pidieron muestras de cerebro lo mal que lo pasamos. En serio, no os podéis hacer una idea. Primero cortas en la base del cráneo y separas la cabeza del resto de la columna –pero no del cuerpo, sigue habiendo piel uniendo- y luego tienes que cortar la cabeza en dos, desde atrás. Catacrack. Ese crujido casi me hace vomitar en la mascarilla la primera vez. Y la segunda. Ahora ya no siento nada y le pregunto si se está leyendo algo nuevo.

      1984, me responde. Yo lo leí hace tiempo, le digo mientras que recojo medio hemisferio cerebral y lo empujo hacia el fondo del tubo. La verdad es que no me acuerdo de casi nada, casi que podría leerlo de nuevo. Metemos los tubitos con los cerebros en la nieve carbónica y me alcanza un guante para meter los cadáveres. Porque los metemos en guantes. El momento de levantar el cuerpo y meterlo en el guante es también bastante asqueroso y hablamos de cómo nos colaron el primer día de la primera edición de Gran Hermano como si fuera un experimento basado en la novela.

         Después me toca levantarme a mí y coger otros tres animales y meterlos en una jaula más pequeña. Cerrarla con la rejilla y meterlos en la cámara de CO2. Y vuelta a escuchar el shhhhhhhh del gas y empezamos con las películas. No, todavía no he visto Cloud Atlas, es que son tres horazas. Ví la Gran Belleza, pero porque mis padres estaban de visita y querían verla. ¿Tú has visto alguna? Y dos pataditas a la caja para ver que no se mueve ningún bicho y vuelta a empezar.

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Los 10 mejores guitarristas de la red (I)

Hace no muchos años, antes de meterme a científico, luchaba conmigo mismo por convertirme en un guitarrista virtuoso. Le echaba horas y horas escala arriba y abajo, escuchando a plastas como Michel Angelo Batio, Yngwie Malmsteen, o también otros menos plastas como Steve Vai o Joe Satriani. No os podéis imaginar como atormenté a  mis vecinos intentando tocar tapping como Van Halen o Jennifer Batten. Incluso me llegué a comprar una Ibanez Signature de Satriani porque eran de las pocas guitarras que permitían hacer todas esas virguerías de puente flotante que buscaba.

Luego, por arte de magia, un día me tropecé con Andy Mckee y John Butler y todo se fue al carajo. Si no los conocéis, en cuanto veáis los vídeos lo entenderéis. Entenderéis que tuve que vender la Ibanez y me compré una Alhambra J4. El virtuosismo a lomos de una guitarra acústica era mucho, pero mucho más natural, salvaje y atractivo. Y sobre todo, parecía arrancado del corazón y no del ego. El resto no fue trabajo, fue dejarse llevar. Y en ese viaje de click a click y de enlace a enlace surgió esta lista. Que ustedes la disfruten.

Andy Mckee

Su primer vídeo, “Drifting” arrasó en la red y prácticamente sacó del anonimato a casi todos los guitarristas de la discográfica Candyrat Records. Sus canciones son una verdadera delicia y sus versiones, impresionantes. Desde África de Toto a Everybody wants to Rule the World de Tears for Fears. Versiones de una época en la que, según Mr.Mckee, todavía se podía escuchar música en la MTV.

John Gomm

Podéis ir directos al 0:40, hasta entonces solo hay notas sin feeling que recuerdan más a los virtuosos de eléctrica que a otras delicatessen. Después, los ojos como platos. Nadie se explica cómo un tipo que canta puede tocar tan bien la guitarra ya que lo normal es que uno se empeñe en ser virtuoso porque no le queda otra. A partir de ahora, si alguna vez ven a alguien afinando y desafinando notas para hacer intervalos, es que ha visto Passionflower de John Gomm.

John Butler

Para escuchar Ocean de John Butler hay que ponerse cómodo, poner el volumen a niveles adecuados y dejar que se vaya abriendo la boca poco a poco. En serio, hay un antes y un después de escuchar y ver Ocean de John Butler.

Ojo, no perderse tampoco ni la versión de estudio, ni la de directo en Rothbury del 2009.

Pero John Butler no se dedica únicamente a componer instrumentales, tiene su banda, John Butler Trio, que está en la línea de Jack Johnson y similares artistas de playa y calorcito. Aquí Better Than, uno de sus exitazos.

Antoine Dufour

Es un grande entre los grandes y tiene una técnica impecable aunque una puesta en pantalla algo lamentable. En la línea de Andy Mckee. No perderse su versión de Hide&Seek de Imogen Cheap. Aquí en una rara combinación con la original.

Thomas Leeb

Fue un gran descubrimiento del que hasta hace poco no habían demasiados vídeos salvo de Dessert Pirate o de un par de canciones en una biblioteca. Del club de los de la percusión obligatoria. Otro del que es imprescindible repasar sus versiones, desde No woman No cry de Bob Marley a Don´t worry be happy de Bobby Mcferryn.

Erik Mongrain

Cambia tu idea de cómo se toca una guitarra. Sin duda todo un virtuoso que le saca un sonido con un timbre distinto, lleno de armónicos naturales, a la guitarra. Espero que no hayáis cometido el error de haberla visto, pero en la película August Rush, el niño protagonista, así como por accidente, se acerca a una guitarra y termina tocando como Erik Mongrain.

Tommy Emmanuel

De los mayores del lugar. Angelina os tiene que sonar, ahora mismo no recuerdo qué marca de teléfonos móviles incluía un politono de esta canción. Un guitarrista elegante de los que quedan pocos.

Jimmy Wahlsteen

Otra de las grandes estrellas de Candyrat Records. Aquí con el siguiente de la lista, el genial Don Ross, en directo desde la que podría ser tu calle.

Don Ross

Compañero infatigable de Andy Mckee. Mismo sonido y mucha, pero mucha calidad a las 6 cuerdas. Prácticamente sus discos se escuchan del tiron y se reescuchan seguro.

Mike Dawes

El último de la lista pero no por ello peor que el resto. Mike Dawes es un virtuoso inglés que no se queda atrás. Seguro que además os gusta su versión de Gotye de Somebody that I used to know

Los top ten son así, siempre se queda gente impresionante fuera, así que, fuera de carta, no os perdáis las versiones acústicas de Fix You (Coldplay), Teardrop de Newton Faulkner o cualquiera de las de Acoustic Labs (Lux Aeterna, de Requiem por un sueño; Game of Thrones O.S.T de la serie; Promentory de la O.S.T de El último Mohicano) o las excentricidades de Ewan Dobson,

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La cultura gratis

Nací en una generación que observó cómo la industria de la cultura hacía el agosto gracias a imponer precios desorbitados en sus objetos de consumo.  Como además presumía de ello , vimos demasiado yate y mansión y exceso que chocaban radicalmente con nuestras dificultades para tener más de 10 casetes o CDs en la estantería. Y vivimos así muchos años.

Cuando llegó el primer módem que tras chirriar mucho escupía canciones gratis, fuimos de los primeros que se sumó a la moda Robin Hood de compartir toda la música que podíamos porque ya nos habían facturado bastante. Lo mismo sucedió con las películas cuando la banda por las que se deslizaban los datos se ensanchaba al mismo ritmo que las salas de cine disparaban el precio de sus entradas.

He de reconocer que durante mucho tiempo nos fue realmente fácil justificar el pirateo. La industria de la cultura se excedía, pues nosotros también. Somos la generación que se ríe del Home taping is killing music porque vimos cómo a la industria en entró el miedo, cómo dejó que se le viera el plumero en múltiples ocasiones, cómo nos intentaron culpar a nosotros y cómo múltiples artistas salvaron sus problemas independizándose. Grabar casetes no mató a la música. La industria, si terminaba muriendo, era por no renovarse. Hasta aquí bien.

Ayer me llevé las manos a la cabeza al leer esta entrada de Enrique Dans. Su texto y sobre todo sus comentarios llenos de apoyo. Resulta que la diferencia de 65 días en la publicación de la película “Her” desde su estreno americano a su estreno en España es una justificación perfecta para piratearla. Sí, así como lo digo, lo dice él en su blog. Estoy de acuerdo en que es una estrategia nefasta por parte de la compañía que saca la película, pero ese argumento es de llevarse las manos a la cabeza. Me parece absurdo como justificación personal, pero encima publicarla y que se aplauda, me da muchísimo miedo.

El problema es que a nuestra generación le ha seguido una generación “Cultura gratis” que jamás llegó a pagar ni precios razonables ni disparatados por la cultura y que por ello piensa que la cultura es gratis. Y no solo eso, sino que la que no es gratis, debería serlo. Que pagar por ver una serie, una película o leer una novela es absurdo, de personas con un corazón enorme o con más dinero que sentido común. Esta generación vive en guerra constante con la primera de todas, la que sigue de la mano de la industria y que pueden leer en cartas de Reverte o de Marías que son la generación “Si te bajas cosas robas”.

Estoy de acuerdo con Reverte y Marías en que la cultura cuesta hacerla y que hay que pagarla. No me gusta que en sus artículos hablen de números de lo que ingresan, porque además creo que si ganan un 10% de sus libros por escribirlos, deberían empezar la guerra en su casa, que ya ahí tienen un abuso considerable. Que hacen más daño las distribuidoras que los piratas. Y porque además, nadie roba por piratear, deja de gastar, y entre ambos conceptos hay una diferencia importante.

Pero señores, los libros, las series y las películas cuesta dinero hacerlas. Y necesitamos a profesionales que las hagan. Esos profesionales tienen que comer. Sé que son frases de sentido común, pero creo que no se interiorizan. Uno no puede vivir en una justificación constante, o inventarse justificaciones absurdas. El fin de la industria cultural no puede estar más cerca. La industria morirá por no renovarse pero… hace mucho que nuestra generación se ha descargado mucha más cultura que la que ha pagado. Ahora el cáncer también está dentro de nosotros, reproduciéndose a la misma velocidad que nos bajamos cosas.

Y leyendo artículos como los de Dans me empieza a dar un miedo horroroso a que que muera la industria ambiciosa y llegue el día que se popularice una opción razonable, a un precio lógico y que la veamos morir exactamente de la misma manera que la primera. Porque llegará un momento en el que intentaremos justificarnos hasta el infinito para no soltar ni un duro. Porque aunque a muchos les cueste reconocerlo,  nos estamos acostumbrando demasiado a lo gratis.

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