El virus desde el que empezó todo

A veces me parece curioso pensar que mi madre estaba embarazada de mí cuando dos investigadores, Enzo Paoletti y Bernard Moss, demostraron en 1982 que uno podía cortar y pegar genes de distintos organismos y meterlos en un virus llamado vaccinia. Y a vosotros os hará gracia si sabéis algo de cortar o pegar genes. O algo del virus vaccinia.

Lo de vaccinia me lo contaron en el colegio.

Me dijeron que Edward Jenner, un médico rural británico, descubrió la vacunación por el mero hecho de observar que cada vez que había una epidemia de viruela, las criadas que se encargaban de ordeñar las vacas solían salvarse de caer enfermas. Visto así, a toda la clase nos pareció que, visto lo visto, el hecho de que ellas sufrieran de unas pústulas en la piel por infectarse de las viruelas de las vacas, era un mal bastante menor.

Como en ciencia no vale con el mero hecho de observar, Jenner extrajo fluidos de una pústula de una criada que se llamaba Sarah Nelmes y se lo inoculó a un niño de ocho años llamado James Phipps. James contrajo la viruela vacuna, se curó, y Jenner le volvió a pinchar, tiempo más tarde, fluidos de un enfermo de viruela. Si su teoría era cierta, el niño se salvaría.

(Seguir leyendo el artículo completo en el blod Biotekis)

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Espectadores

Un día, el exmilitar Felix Baumgartner decidió hacer un salto distinto. El 14 de octubre de 2012 batió tres récords históricos al lanzarse en caída libre desde 39.068 metros de altura, después de haber ascendido en un globo tripulado hasta la estratosfera. Si, ya sé que esto lo sabes porque estuviste ahí y que ahí fue twitter, una emisora de radio o delante de la televisión, que para eso era domingo. Pero estuviste ahí. Y estuviste ahí porque iban a pasar cosas extraordinarias.

Igual que acompañaste a los reporteros que te llevaron a las tripas del Large Hadron Collider, el laboratorio más grande del mundo. En en laboratorio donde decían que se iban a realizar  unas colisiones de partículas que estarían dando vueltas a una circunferencia de  27 kilómetros para chocar y descubrir otra partícula que tenía el nombre de Bosón de Higgs. Eso no se te olvida por las coñas del nombre. Y por los innumerables intentos de explicarte de dónde carajo salía esa partícula. Ah y por los agujeros negros que se podían formar y *gracias a Dios*, no se formaron.

En enero de este año, Rosetta, la sonda de la Agencia Espacial Europea (ESA), salió de su estado de hibernación para dirigirse al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, ojo, que tiene narices que la gente llegó a decirlo de seguido,  en cuya órbita entró en agosto. Sí, también hubo gente que la llamaba “Rosita”, lo sé. En noviembre, el robot Philae  mantenía atónitas a miles de personas mientras se acercaba a la superficie de un cuerpo rocoso que para mí sigue siendo impronunciable.

Tres escenarios deberían ser suficientes para mi experimento. Para tirar de supuestos y poder imaginar cómo habrían sido esos eventos si solo los hubiéramos podido narrar cuando ya habían sucedido. ¿Cuánta gente sabría de su existencia? ¿Cuánto habría salido de cada uno en los medios? “Successful jump of a human being from the stratosphere: a case study”. “Rosetta´s Philae landed on 67P/Churyumov-Gerasimenko comet”. ¿Quién buscaría esos papers para comunicarlo? Si me apuras, lo de Baumgartner sería un buen tema de cosa raruna, pero el resto, en el caso de llegar, no llegaría ni a un 1% de la gente a la que llegó el experimento tal y como lo conocimos.

Llevo días dándole vueltas. Creo que uno de los grandes problemas de la visibilidad científica no es la dificultad de sus contenidos, es la dificultad de generar expectación con ellos. Y esto se debe, de nuevo, a uno de los grandes cánceres que tiene la investigación, que es el secretismo hasta que se ha conseguido. El contar siempre la visión finalista de la ciencia que, en ocasiones, es un coñazo hasta cuando la haces tú mismo. Y todo porque si lo comunico, ninguna revista de las grandes mafias editoriales me cogerán el artículo. Porque si digo lo que voy a hacer, me lo copian. Porque si intento generar expectación, llamo la atención, pero me como el currículum con patatas.

Creo que el día que lleguemos al gran público será el día que reinventemos la forma de comunicarnos entre los científicos. Cuando consigamos compartir la euforia de los experimentos porque había expectación.

Eso si que será un gran salto y no lo de Baumgartner.

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Maquillaje et al.

Hay un momento de vacío existencial indescriptible cuando uno se enfrenta a los comentarios de los revisores de un artículo científico. ¿Sabéis a cuál me refiero? Sí, ese momento. Ese vacío. Ese no-hay-solución-buena-para-esto. En principio, el vacío se genera porque te han preguntado por ese dato que es evidente que has escondido. Ese experimento que no-sale-del-todo-bien y que es mejor no enseñar. En ciencia se triunfa o se calla. O mejor que lo anterior, o nada. Significativo o muerte.

Siempre que me veo en esa situación me acuerdo de una noche, hará unos tres o cuatro años en la que, en la planta de abajo de un bar, dos periodistas discutían sobre un hecho que había aparecido en prensa. La verdad es que el hecho no lo recuerdo, porque las discusiones en los bares, dependiendo de la hora, no parecen ocupan lugar en la memoria. Me acuerdo que mi distracción se cortó con una pregunta dicha con sorna: ¿es que tú te crees un artículo que no has firmado tú? Y entonces sonó una señora carcajada. Y en ese momento, mientras retumbaba la carcajada, un trocito de fe que tenía en alguna parte murió para siempre. El tema es que la pregunta en prensa parecía hasta lógica, pero, en ciencia ¿vosotros os creéis los artículos de otros?

Porque en los vacíos puedes hacer varias cosas y solo una es correcta. Pero se hacen varias cosas. O al menos uno las repasa. En primer lugar revisa una y otra vez los datos del experimento viendo la forma de no-meter-mano-pero-que-me-quede-claro-que-hice-todo-lo-que-pude. Estar tranquilo con uno mismo es siempre lo primero. Meter mano en un dato, jamás. Pero… pero probemos con cortar las gráficas en un punto en el que se maximicen las diferencias. Así podría colar algo mejor, aunque es un truco demasiado viejo. Aun así, te das cuenta de que el maquillaje de datos ya lo gastaste casi todo antes de mandarlo, así que tarde. ¿Y si dices que no lo hiciste?

Es como cuando uno lee en la prensa “según un estudio de la universidad esa que suena tan importante” o “publicado en la prestigiosa revista…”. Aunque seas científico, se te olvida todo esto y te lo crees. Como si lo hubieras hecho tú mismo. Qué coño, que esa gente extranjera seguro que lo hace mejor que tú mismo. Y volvemos a cometer el error de creernos a pies juntillas lo que hicieron otros.

Porque eso que hicieron otros es la versión maquillada de la versión maquillada de la versión maquillada de lo que hicieron. Luego esa versión maquillada se exageró para que cumpliera con espectativas de los lectores, oyentes o televidentes. Pero ojo, que el producto final sigue siendo ciencia y de prestigio. ¿Por qué hacemos esto? Nadie lo sabe muy bien.

Y es que no conozco a ningún científico que no prefiera enseñar todos los datos, hasta los malos. No conozco a ninguno que tampoco tenga esa espinita clavada porque un día maquilló quizás algo más de lo que debía. O hizo que se le olvidaba un grupo, o puso un ejemplo que salió muy bien cuando la mayoría no pero sin querer detrás se le cayó un “data representative of three different  experiments“. O dejó que su jefe o un colaborador lo hiciera y se calló después. Está claro que hay días que hay resultados tan buenos que no te piden ni ayuda para publicarse solos. Pero casi toda la ciencia es difícil y da resultados regulares.

Algún día habrá que cambiar el sistema de maquillaje que tenemos. Internet no es el papel y en un artículo hay hueco para poner tres experimentos y no escoger el representativo solo. Que el lector interprete lo representativo. El currículum de un investigador debería medirse por sus publicaciones, claro, pero no por el impacto de las revistas en las que se publicaron. Que se vea su ciencia, su buen hacer, que un futuro centro, colaborador o loquesea interprete a los candidatos por su ciencia, no por un numerito falseable y altamente dependiente de otras cosas.

Si seguimos así, vamos a llegar a un momento en el que alguien, en un bar, discutiendo cualquier asunto de su laboratorio, cite a alguien y alguien le pregunte, con sorna, si todavía se cree los papers que no firma.

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La biología sintética como herramienta de cambio

Hace unos días os presentaba oficialmente la empresa a la que le pienso dedicar mi futuro. Pues bien, uno de nuestros intereses en Scienseed es ayudar a los laboratorios a dar a conocer sus investigaciones al resto de la comunidad científica y a la sociedad.

Empezamos fuerte con el laboratorio de Víctor de Lorenzo, en el Centro Nacional de Biotecnología, donde hemos rodado el siguiente vídeo de su trabajo utilizando Biología Sintética para la bioremediación de zonas contaminadas.

[Para los interesados, este vídeo surgió de unos 10 artículos científicos. A partir de ahí nos encargamos de hacer el guión, las entrevistas, el rodaje, montaje, la banda sonora a medida, locuciones, traducciones y subtítulos].

 

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Scienseed

Siempre que vengo al blog con novedades personales me doy cuenta que me resulta difícil explicarlas. Quizás es por no compartir las primeras preguntas y las inquietudes que me me mueven a hacer cosas y presentar directamente a la criatura final.

Hoy quizás sea más fácil deciros que he montado una empresa con un compañero y que se llama Scienseed. Más que nada porque está relacionada con casi todo lo que he ido haciendo estos años de divulgación y comunicación científica.

Scienseed pretende ser un nexo de unión entre los laboratorios y la sociedad. Y pretende ser un nexo creativo, interesante, riguroso y efectivo en todo tipo de formato con millones de proyectos diversos que ahora mismo están en carpetillas esperando financiación.

Ya os iré mostrando nuestros proyectos e iré compartiendo también con vosotros mis inquietudes. Y tampoco me dejaré fuera las frustraciones, que tal y como está el mundo enterpreneur en este país, para un par de chicos de ciencias, es un rompecabezas, quitasueños y creapesadillas de mucho cuidado.

Y aunque empezaremos despacito, aquí tenéis las distintas cuentas de Scienseed para que podáis seguir esta aventura.

Twitter, Facebook, Youtube, Vimeo.

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¿Por qué no hay una vacuna del ébola?

Para todos los que preguntaban por qué no tenemos una vacuna todavía, hoy, 14 de octubre se publica mi primera colaboración en Materia, desde que Materia está en El País.

El artículo sale en la edición de hoy en papel, pero también lo podéis leer AQUÍ.

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Amén, Hermano.

La noche del 11 de Marzo de 1970, Aretha Franklin, Johnny Mitchell y Johnny Cash maquillaron sonrisas y lucieron galas para recibir un premio Grammy que grabaría sus nombres a fuego en el inconsciente colectivo. Esa noche West Mongomery estaba a punto de recibir el premio a mejor tema de Jazz y Simon & Garkfunkel recibirían el premio al mejor disco.

Imagínense sus rostros, en una cuerda floja demasiado floja,  hartos de disimular nervios y de controlar egos, divididos por el miedo a la caída y la euforia por la sabida entrega incondicional de miles de fans. Pero, aunque les suenen sus nombres, aunque les suene la intensidad del momento y de los aplausos, ellos no son ni de lejos los protagonistas de la historia de hoy.

Sentado en el mismo sitio que los que serían leyenda, Richard L Spencer, cantante de una formación famosa por una canción sentida hacia un padre de adopción, subiría a recoger el galardón a mejor tema de Rhythm & Blues. Y era bien merecido, ya que Color Him Father había demostrado su poderío vendiendo numerosas copias del álbum el año anterior. Pero claro, a diferencia de los anteriores, ustedes no conocen a Richard L Spencer porque, cuando subió a recibir el premio, su banda, The Winstons, ya era cenizas del pasado. Solo era humo. Carne de entrada de una sola línea de Wikipedia o de canción especial de una pareja a la que les pilló su momento especial escuchando Color Him Father por accidente. Pero no se preocupen porque Spencer, como Franklin, Mitchell y Cash, como Mongomery y Garkfunkel, es únicamente un personaje de referencia en esta historia.

¿Qué tienen en común la sintonía de Futurama, Mindfields de The Prodigy o Eyeless de Slipknot? Siga leyendo.

Jester Joseph Hairston tampoco es el protagonista, pero tiene parte de la culpa de todo esto. Jester Joseph Hairston era un compositor americano que compuso varias canciones famosas, entre ellas un villancico llamado Mary´s Boy Child que popularizó Boney M., y Amen, una canción que cantaría Sidney Poitier rodeado de monjas deseosas de aprender inglés –con acento– en la película de Ralph Nelson, Lilies of the Field. Amen es la clave porque The Winstons pensaron que una versión upbeat sería perfecta para la cara B del Color Him Father.

Y en esa versión llamada “Amen, Brother”, en el mismísimo 1:26 es donde a Gregory C. Coleman, el verdadero protagonista de nuestra historia, se le subió el jungle a la cabeza e hizo un solo de batería de 6 segundos que pasaría a la historia. Un solo de batería que tiene nombre propio: The Amen Break. Un solo de batería del que, si lo buscas en internet, google te devuelve más de 300.000 resultados.

Y sí, ese solo es el que tienen en común las canciones anteriores. Y también la sintonía de las Supernenas, el mítico rap Informer de Snow o Do Y´Know What I mean de Oasis.

Los breakbeats Lenny Roberts y Lou Flores tuvieron la culpa. De los 300.000 resultados en Google, me refiero. Lenny Roberts, Lou Flores y “Fat” Stanley Platzer. Pero eso fue por lo menos unos diez años más tarde del paseo glorioso de Spencer por los Grammy. Porque los ochenta, entre otras cosas, fueron la época en el que los Dj´s pasaron de lucidos accesorios a individuos completamente necesarios. Y los Dj´s necesitaban algo que poner a dar vueltas en loops infinitos que hicieran juego con las mejores ocurrencias de los raperos que inundaban las calles en Chicago. Y ahí vieron el negocio los señores Lenny, Lou y el gordo de Platzer. Entonces empezaron a vender breaks de batería en loops en forma de discos con un dibujo de un pulpo en su portada. Con el tiempo y el éxito pasaron de esos precarios Oktopus Break Series a Ultimate Break & Beats; una colección de discos de éxito y popularidad difíciles de igualar. Y en el primero, con el solo bajado de tempo para dejar bien claro que todo aquél que quisiera hacer rap tenía que pasar por el Amen Break, estaba “Amen, Brother” de The Winstons. No pasó ni un año y ya se convirtió en la base del primer éxito que se enredó en él, I Desire de Salt´N Pepa.

Pero también lo puedes escuchar en Little Monster de David Bowie, Common Reactor de Silversun Pickups, How Can you Luv Me de Unmortal Orchestra.

El Dj Frankie Jones fue el que, calentito y traído bajo el brazo, introdujo el Amen Break en la movida noventera de las raves inglesas. Y todo se llenó de Dub-Plays. Porque la escena necesitaba música rápida de hacer y de pinchar. De tu sampler a la rave de por la noche. Creación de corta y pega con originales resultados inmediatos.

Y es que en esas fiestas el objetivo no era necesariamente crear, el objetivo era que nadie se parara en toda la jodida noche. De ahí a meter samplers en canciones de nueva composición había un trecho, un paso que se dio como cualquier paso de baile en cualquiera de aquellas sudorosas noches. Las canciones se construyeron encima y debajo de samples. Se ralentizaron o se aceleraron. Y luego se añadió el punto de cada artista. Y ahí estaba el Amen Break, sumergiéndose cada vez más profundamente en la historia de la música moderna.

El Amen Break pasó del Hip-Hop al Acid House, del Acid House al BreakBeat Hardcore, del BreakBeat Hardcore al Jungle y del Jungle al algo más relajado como el Drum & Bass. De seguido. Con cada golpe en el mismo sitio. Sin despeinarse. Y de igual manera ha llegado a nuestras fechas y se ha colado en You Know I’m No Good de Amy Whinehouse, Sehnsucht de Rammstein o The Perfect Drug de Nine Inch Nails.

Pero ¿Por qué esa obsesión con el Amen Break? ¿Qué tienen esos 5,2 segundos que no tenga cualquier otro ritmo de batería? El matemático Michael S. Schneider se empeñó en venderlo en su libro A Beginner’s Guide to Constructing the Universe: Mathematical Archetypes of Nature, Art, and Science como la onda de sonido que contiene el famosísimo Golden Ratio, la proporción Áurea que marca estándares de belleza en otras múltiples áreas y que tan bien saben identificar los artistas. Pero el capítulo que trata el tema ha sido ampliamente criticado por ser numerología barata. Si no lean The Golden Ratio: The Story of Phi, the Most Astonishing Number, que también dedica un capítulo a criticar los malos usos que se le dan a dicho número.

Aun así, con ciencia o sin ella el Amen Break ha arrasado en ventas. Ha hecho triunfar por doquier a cientos de artistas. Debido a los tiempos que corren se preguntarán qué ocurrió con los derechos de autor de una de las obras más usadas en la música contemporánea. Pues bien, ni el señor Coleman ni nadie de los Winstons se han forrado a su costa. Ni se han forrado ni han recibido un céntimo por ello. Cuando empezó a popularizarse la canción el grupo ya no existía y Spencer, que dejó la música y se sacó Ciencias Políticas le importó entre nada y menos. Eso sí, le sorprendió cuando le llamó un productor 30 años después queriendo comprarle los derechos. Entonces es cuando se enteró de todo lo aquí escrito.

Jester Hairston murió en el año 2000 con 99 años y Gregory C. Coleman murió en 1996 en Atlanta, Georgia, en la más absurda de las miserias. No vamos a meternos a discutir sobre derechos de autor, pero resulta difícil de encajar que el Amen Break, que ha generado millones de pasos de baile, gotas de sudor y billetes de un dólar, dejara a su autor morir en la indigencia.

En su memoria, pueden visitar la AmenBreakDatabase y subir los temas que en los que ustedes reconozcan los 5,2 segundos más repetidos de la historia. Comprarse una camiseta molona con el amen break hecho onda o intentar escucharse todo lo que les suene que tenía de fondo el tumtumpatucutucupá que rezuma esta entrada.

Pero sobretodo, cada vez que lo descubran en un tema nuevo, cada vez que lo escuchen en sus casas, cada vez que lo reconozcan en un bar, yo les animaría a que levanten sus copas y digan con orgullo: ¡Amén, hermano!

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Naukas 2014, la cuenta atrás.

Empieza a existir una tradición que consiste en ir a Bilbao el último fin de semana de Septiembre. Y es que en esa fecha la Cátedra de Cultura Científica de la UPV nos reúne a un montón de colaboradores de Naukas para que durante un fin de semana, la ciencia se acerque a la sociedad, de la forma más divertida posible.

Para mí este año es doblemente especial, ya que me toca dar charla y concierto, ya que los Leftover Lights vamos a dar dos conciertos (si, DOS) para que la fiesta no pare y para darle un toque distinto este año.

Os dejo con el cartel y el http://naukas.com/2014/09/12/programa-definitivo-naukas-bilbao-2014/. Yo no me lo perdería por nada del mundo. ¡Nos vemos en Bilbao!

 

 

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País de Ébola y Pandereta

Desde hace muchos años hay dos factores de virulencia que los virus no guardan escondidos entre sus genes: los aviones y la estupidez humana.  

De las dos cosas, parece, nos sobra en España. Y parece que también dinero. Y tenemos tanto de las tres cosas como para cerrar toda una planta de un hospital no preparado del todo y fletar un avión para traer a un señor (que roza el límite-de-edad-permitido-en-esta-vida) contaminado con uno de los virus más peligrosos del planeta. Que esto es España, joder. Aquí en política no se piensa, se actúa. 

Si se quería ejemplarizar la diferencia entre el Primer y Tercer Mundo bastaba con dejarse gran cantidad de dinero -que sorprendentemente y de golpe parece que tenemos- en fletar un avión y llevarle a ese señor todas las comodidades y paliativos del planeta y separarlo del resto de tercermundistas por los que no vamos a mover ni un dedo. Que ojo, no es que se le traiga a un quirófano espectacular ultranecesario para el tipo de operación que requiere su enfermedad, lo traemos para darle los mismos paliativos. Pero mejor aquí, porque si no, no gastábamos estupidez humana, que es la verdadera Marca España. Y la devoción, que todos sabemos que el hecho de que sea cura es la mitad de la historia.

Teníamos que traerlo a España porque si lo han hecho los americanos podemos hacerlo nosotros. Que sí, que ellos tienen hospitales de barrera –hasta nivel 4, lo que se necesita- y expertos internacionales en este tipo de brotes, pero nosotros también tenemos hospitales, que sí, que los hemos desmantelado con la excusa de la crisis pero no es nada que no se pueda apañar en un día. Que somos el país de la ñapa rápida y a correr.

Soy virólogo y sé de sobra que en temas sensibles no se puede alarmar a la población así como así. Sé de sobra que se van a extremar las precauciones y que el Ébola no es un ejemplo de virus altamente transmisible. Pero por todo esto también sé de sobra que es una auténtica temeridad poner en riesgo la salud de muchas personas trayendo una enfermedad como esta por salvar la vida de una única persona. Que existe una cosa que se llama ERROR HUMANO, y que lo mejor para no contar con ello es no tener la posibilidad. Y que los niveles de contención biológica están para que sobren, no para que falten o para llegar justitos.

Durante años he trabajado en bioseguridad y todos sabemos que se cometen errores constantemente. Y nos pinchamos, y se nos vierten cosas y hay más accidentes de los que nos gustaría. Esperemos que no sea el caso; que no pase nada. Que se quede en una mera anécdota o en un guión para los Monty Python.

Que se quede en el recuerdo de la vez que demostramos, por enésima vez al mundo, que en este país no hay nadie al volante.

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Volviendo al mecenazgo

Me prometí a mi mismo que no volvería a hacer un crowdfunding.

Parece una tontería, pero uno se deja el corazón ya de primeras en las cosas que hace para dejárselo por segunda vez cuando quiere venderlas. Porque en estos casos, además, venderlas no es para sacar beneficio económico, venderlas es para conseguir hacerlas posibles. Y también, porque parece inofensiva, pero la barrita del crowdfunding son de esas pequeñas cosas que te persiguen en pesadillas por las noches.

Me lo prometí a mi mismo pero he vuelto porque en el proyecto que os presento no estoy yo solo. En los Leftover Lights somos cinco. Hará un par de años, sacamos este disco. Nos costó horrores y no salió como queríamos, pero con él no ha ido mal la cosa. No hemos parado de tocar y nos siguen llamando de salas y algún que otro festival, así que hay que seguir apostando por el proyecto.

Si os hablo de esto hoy aquí es porque la cosa está muy complicada ahí fuera y los conciertos apenas dan para grabarse un disco. Un crowdfunding, a día de hoy, es la única forma que tenemos de  costearnos el segundo disco; así lo vendemos por anticipado y podemos hacer de todas las canciones que estamos seleccionando un precioso disco lleno de rock.

Tenéis mucha más información en el proyecto de Verkami.

Espero que os interese. Si estáis indecisos, este Sábado 7 de Junio tocamos en El Perro de la Parte de Atrás del Coche y tocaremos varios temas del nuevo disco.

¡Un saludo por parte del resto de los Leftover Lights!

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